viernes

Capítulo 11: La Batalla Final

Finalmente, mi papá, Julio, llega a donde quería y relata de manera cruda pero con cierto estilo, la batalla final entre la Banda del Jefe y la Banda del Cazador. De más está decir que exagera muchas cosas, me cuesta creer que hubo muertos, por ejemplo. Sin embargo, es un capítulo extremadamente inquietante y con ciertos detalles extraños (atención a cuando el Jefe lo mira a los ojos y se atemoriza). Espero que disfruten tanto como yo uno de los últimos capítulos del diario de mi papá. En cuanto a mi propia investigación, paciencia porque muy pronto les voy a traer novedades ;)

La adrenalina fluía en grandes cantidades. Ante nuestros ojos se desplegaba el ejército más grande que jamás hubiéramos visto. La Banda del Jefe marchaba preparada para la batalla y nada los iba a detener. Entre sus filas podía distinguir al Jefe, a Victoria, a Pablo y sus dos espadas, a un grandote que parecía mayor que el resto y llevaba un garrote, a la chica del vestido morado que le había dado el cuchillo al Jefe con el que me amenazó la primera vez, también vi a dos gemelos… Del otro lado, los esperaba la Banda del Cazador, preparados para recibir un ataque que de sorpresivo ya no tenía nada.

-¡Nos subamos al árbol para ver mejor! – dijo Lombriz.


Inmediatamente empezamos a trepar las ramas. Mientras lo hacía, trataba de pensar claramente cómo íbamos a aprovechar semejante situación para meternos en la Base del Cazador y buscar los Planos Maestros. Desde lo alto tendríamos una excelente vista para analizar la situación.

Lombriz fue el primero en llegar a la punta del árbol y cuando a mi me faltaban un par de metros para alcanzarlo, sentí un dolor horrible en la espalda. “¿Qué pasa?” pensé y al instante, otra puntada, y después otra en el brazo. Resbalé y empecé a caer. Golpeé mi cuerpo contra varias ramas pero eso también amortiguó mi caída y, cuando llegué al suelo, no fue tan doloroso. Al levantar la vista, vi al Jefe acercarse junto con Victoria, que llevaba algunas piedras en la mano. Ya entendía lo que había pasado.

-¿Te dolió? ¿Cómo te escapaste, hijo de puta? – me dijo el Jefe al borde de un ataque de furia.


Me levanté a duras penas pero me devolvió al suelo con un puñetazo en la cara.


-¿Qué estás tramando? ¿Quién carajo sos? – me decía mientras me tomaba del cuello.


Yo todavía estaba conmocionado por el golpe. Me dolía todo pero estaba tan sumergido en ese estado entre el sueño y la realidad que no me importaba. Es más, era algo placentero.

El Jefe me trajo decididamente a la realidad con un nuevo puñetazo, esta vez, en el estómago. Luego me levantó prácticamente de las orejas mientras gritaba “¡Dale, respondeme!”. Siguió pegándome por todos lados y luego me volvió a agarrar del cuello para ver si esta vez le decía algo pero, al mirarme a los ojos, su cara se transformó y retrocedió. Fue algo de un segundo y creo que el resto de la Banda no se dio cuenta, pero yo sí. Su rostro lleno de furia se volvió un rostro lleno de temor. Como dije, fue solo por un segundo pero lo suficiente como para que dejara de golpearme y amenazarme. Yo no alcanzaba a entender qué le pasaba. El Jefe se quedó en silencio, dudando y confundido. La Banda empezaba a extrañarse y finalmente Pablo le preguntó qué iban a hacer.

-Vamos a seguir con el plan, pero quiero que dos de ustedes se queden vigilando a éste… no lo pierdan de vista, tengo mucho que preguntarle… - respondió tratando de mostrar firmeza.


Antes de irse, Victoria se acercó al árbol y miró hacia arriba. Temí por Lombriz, pero él ya no estaba. Quién sabe en qué momento había aprovechado para esconderse en otro lado. Indudablemente, mi amigo era un maestro.


La Banda del Jefe se puso en marcha rumbo a la Base del Cazador y, cuando Victoria pasó a mi lado, no sé porqué tuve el irrefrenable deseo de decirle “Ya nos vamos a encontrar de nuevo, me debés una”. Victoria sonrió como si no me tomara en serio al tiempo que me lanzaba una mirada profunda y enigmática.


Todo lo que siguió después fue totalmente confuso y estremecedor. Gritos, muchos gritos, golpes, chicos cayendo al suelo desangrándose, huidas… Me sigo acordando de ese día y de esos sucesos y no puedo creer de dónde saqué el valor para moverme en semejante caos y mucho menos cómo hice para sobrevivir. Dos tipos se quedaron vigilándome tal como el Jefe les había ordenado. Estábamos en una esquina, a una cuadra de la Base del Cazador. Yo quería ver cómo la Banda del Jefe invadía la Base y empezaba la batalla pero los tipos no me dejaban mover y me tenían sentado contra un árbol. Me dolía básicamente todo el cuerpo y tenía un ojo muy hinchado por los golpes, pero no me importaba. No había llegado tan lejos para ahora tener que estar sentado contra un árbol. Entonces, en la vereda del frente y asomándose detrás de un árbol apareció Lombriz. Me hacía unas señas que no entendía pero creo que su idea era que me pusiera a distraer a los dos chicos para que él los sorprendiera y me liberara. Eso me parecía muy peligroso y empecé a decirle que “no” con la cabeza pero uno de los tipos se dio cuenta.


-¿Qué hacés? ¿A quién le hacés señas?


Al ver que se venía con ganas de pegarme me puse de pie pero entre los dos me empezaron a empujar.


-¡No, no! ¿Quién te dijo que te pararas?


Uno de los dos ya había levantado su puño para estampármelo en la cara cuando un estruendoso ruido nos sorprendió a todos. Eran voces, muchas voces que gritaban.


-¿Qué mierda es eso? – dijo uno de los chicos.

-El Cazador sabía que lo iban a atacar y les tenía preparada una emboscada ¡Vayan a ayudar! – dije casi riéndome.

Entonces Lombriz cruzó la calle a toda velocidad y se puso a dar devastadores puñetazos a los dos sorprendidos vigilantes. Nunca lo había visto golpear tan fuerte a nadie. No les dio tiempo a nada, el ruido que hacían sus golpes era increíble. Enseguida los dejó a los dos tirados en el suelo con las caras desfiguradas y llenas de sangre.


-¡Gracias, Lombriz! – fue lo único que pude decirle.

-De nada ¿Y ahora qué hacemos?
-Vamos a la Base del Cazador.

Mientras nos acercábamos podíamos escuchar el impresionante caos que se había desatado. El ruido de la batalla era tan grande que, cuando llegamos al muro que nos separaba del interior de la Base, empezamos a dudar sobre si era buena idea meterse. Decidí subir y asomarme por encima de la pared pero al instante tuve que dejarme caer porque una gran llamarada casi me quema la cabeza.


-¡Están usando fuego! – dije asombrado.

-Esto es muy peligroso, Julio ¡Si nos metemos ahí seguro nos matan!
-¡Ya sé pero ahora es el momento, tenemos que aprovechar la confusión, después ya no vamos a poder adueñarnos de esos Planos!

Lombriz no quería saber nada entonces me acerqué a él y con una mezcla de ruego y furia le dije:


-¡Vamos, Lombriz! Si no lo querés hacer por vos, ni por Florencia, ni por mí, hacelo por la aventura.


Al mirarme a los ojos, Lombriz se estremeció igual que el Jefe y puso la misma cara de temor.


¿Qué pasa? – le pregunté.

-Tenés razón, Julio. Vamos a buscar esos Planos.

Cruzamos el muro y entramos al patio de aquella casa que hacía las veces de la Base de la Banda del Cazador. El espectáculo era aterrador. Las dos bandas más numerosas se estaban enfrentando a muerte. Alrededor de 100 chicos estaban atravesándose con palos, rompiéndose las cabezas con piedras, reventándose con cadenas… Había varios tirados sobre el pasto, cubiertos de sangre. Vi a Pablo manipular sus dos palos/espadas como un samurai, matando en segundos a todos los que le hacían frente. Victoria se mantenía distante, derribando a cualquiera con sus piedras y su puntería de otro planeta. Uno de los gemelos manipulaba fuego. No pude verlo detenidamente pero parecía que lo llevaba en sus propias manos. El grandote del garrote tenía una fuerza descomunal y literalmente aplastaba a sus rivales. La Banda del Cazador no se quedaba atrás y la mayoría de ellos atacaba con una suerte de afiladas lanzas. Algo que nunca voy a olvidar es que uno de ellos tenía grotescos rasgos de insecto: grandes ojos y una boca en forma de trompa. A algunos metros estaba la cabaña de madera en donde, quizás, estarían los Planos Maestros. Lombriz y yo nos movíamos rápidamente por el medio de la batalla mientras los muertos caían a nuestro alrededor. Íbamos desarmados pero nadie parecía darse cuenta de nuestra presencia. Corrimos sin parar hasta que en un momento me di cuenta que Lombriz ya no estaba a mi lado. Desesperado, comencé a mirar para todos lados mientras gritaba “¡Lombriz, Lombriz!” pero el ruido era tal que ni yo mismo me escuchaba. Me pareció verlo tirado mientras uno le pegaba fuertemente con un palo. Quise ir a detenerlo pero un enorme tipo armado con lo que parecía un pedazo de hierro se paró frente a mi dispuesto a partirme la cabeza. Instintivamente me cubrí con mi brazo y, cuando me preparaba para recibir el golpe, Berenice, la chica misteriosa del vestido morado, la que le había dado un cuchillo al Jefe en mi primer encuentro con él, la que me había mirado tan extrañamente aquella vez, apareció veloz como un rayo y en un abrir y cerrar de ojos le cortó la garganta. Por unos segundos me quedé petrificado, mirándola sin poder decir nada, hasta que Berenice me dijo “Andá”, señalándome con la cabeza la cabaña. Me puse a correr nuevamente esquivando todos los obstáculos. Cuando llegué a la puerta de la cabaña no podía creer que todavía siguiera vivo. Puse la mano en el picaporte pero ésta se abrió bruscamente y alguien salió a toda velocidad atropellándome y tirándome al suelo. Llevando una bolsa cargada de cosas, Damián se escapaba por los fondos de la Base. Casi sin aliento, me levanté y corrí tras él mientras balbuceaba “Los Planos Maestros… se lleva los Planos Maestros”.

miércoles

El Punto Sin Retorno

Cuando empecé con este blog, allá por el mes de mayo, ya hacía un mes que había comenzado con la investigación. Ya había encontrado el diario de mi papá, ya lo había leído por completo y ya estaba elaborando mis propias teorías. Teorías que, por el momento, no las he publicado porque antes quiero terminar de subir todos los capítulos (no es cuestión de dar “spoilers” a los lectores). Ya he dicho varias veces que me fascina investigar, que me encanta descubrir misterios y redescubrir el pasado. Lo que no he contado es que me fascina pero de manera prácticamente enfermiza. Es una obsesión. Si hay algo atrapante, algo que necesita ser investigado y puesto al descubierto, yo voy a estar ahí dispuesta a llevarlo a cabo hasta las últimas consecuencias. Puedo pasar días y horas sin comer y sin dormir haciendo esto. Incluso una vez me desmayé! (por suerte estaba en mi casa así que no hubo problema, solo tuve que recibir un buen reto por parte de mi mamá, jeje) Algunos amigos me dijeron que podía ser algo fuerte investigar sobre mi papá, ya que, al haber desaparecido, podía afectarme “emotivamente” exponerme tanto a su pasado, pero la verdad es que eso nunca pasó. Es más, al principio ni siquiera me importaba que fuera mi papá. Solamente me importaba resolver el misterio, descubrir cosas nuevas. No lo extraño ¿Cómo lo voy a extrañar si ni siquiera me acuerdo de él? Tenía 5 años cuando desapareció, lo único de lo que me acuerdo vagamente es de él levantándome en brazos, en el living de mi casa. Nada más. Pero a medida que fueron pasando los meses y fui metiéndome cada vez más y más en esta historia empecé a sentirme identificada con él. Me dieron ganas de conocerlo algún día (si eso fuera posible). ¿Por qué? Porque Julio Figueroa, el chico que escribió ese diario a los 12 años es como yo. Fanático de los misterios, capaz de soportar todos los golpes y todos los peligros con tal de resolverlos y de vivir aventuras. Al fin y al cabo es mi papá. Al fin y al cabo tenemos la misma sangre y eso sí que es fuerte.

Bueno ¿Y por qué estoy escribiendo todo esto? Porque tengo la impresión de que he llegado al punto sin retorno. Tal como lo conté en un comentario del post anterior, volví a encontrarme con Franco, el tipo extraño del negocio de antigüedades. Se acordarán que primero recibí varias llamadas incómodas y raras por parte de él (nunca me enteré cómo consiguió mi teléfono) y finalmente me convenció de reunirnos diciéndome que había conocido a mi papá. Cuando fui a su negocio comprobé en carne propia que el tipo o está algo trastornado, o le encanta jugar y perturbar a la gente, o las dos cosas. Me dijo que cuando era chico (de unos 11 años) vivió en el Barrio y, efectivamente, conoció a mi papá… pero que era adulto y tenía una familia. En esa ocasión me fui totalmente alterada no sin antes amenazarlo con denunciarlo o directamente con ¡dispararle! (sí, lo más absurdo que he dicho en mucho tiempo) si volvía a molestarme. Pero, bueno, al final fui yo la que volvió a llamarlo ¿Y por qué hice semejante cosa? Ya lo dije: porque estoy obsesionada.

Nos pusimos de acuerdo y decidimos volver a reunirnos en su negocio de antigüedades.
Entré una vez más a ese impactante lugar y ahí estaba Franco con su desagradable sonrisa y su horrible cicatriz. Ignoré eso y decidí ser directa. Había ido hasta allí para saber sólo una cosa: la dirección exacta del Julio Figueroa que dijo haber conocido. Conozco la casa donde mi papá vivió, incluso le saqué fotos, ahora necesitaba saber si el Julio adulto vivió en otra casa o si Franco se equivocó (mi sospecha era que quizás se confundió con mi abuelo, pero mi abuelo no se llama Julio). Al escucharme, lo primero que hizo fue reírse en mi cara. “Gordo hijo de puta” pensé. Pero entonces dejó de reírse. Agarró un papel y una lapicera y se puso a dibujar un plano. “Esta es la Torre, la ubicás ¿no? Bueno, Julio Figueroa, tu papá, vivía acá”. Cuando dijo “tu papá” me lanzó una mirada burlona. Me dio mucha rabia pero ya tenía lo que quería así que no dije nada.

En conclusión: Había dos Julio Figueroa en el Barrio. Uno tenía 12 años y era mi papá, el otro era adulto, tenía una familia y vivía cerca de la Torre. Eso o Franco estaba jugando conmigo, engañándome quién sabe para qué. Le dije “gracias” y me fui rápidamente sin mirarlo. Cuando salía del local me dijo “Mandale saludos a tu papá”.

Y entonces volví al Barrio. Con el plano que Franco me dibujó me dirigí hacia la casa cerca de la Torre. Sentía nerviosismo, expectativa, adrenalina y algo de angustia ¿Con quién me encontraría? Toqué el timbre y la puerta se abrió.

viernes

Primer Viaje al Barrio + Fotos

Después de tanto tiempo, he decidido cumplir lo prometido y subir algunas de las fotos que saqué cuando fui al Barrio hace un par de meses. Fue algo mágico poder pisar las mismas calles que pisó mi papá. Pude comprobar que realmente es un Barrio extremadamente silencioso y solitario, lo cual le da un matiz melancólico pero apacible al mismo tiempo. ¿Lo más lindo? Los miles de árboles que lo adornan. Un hombre que cortaba el pasto en la vereda de su casa con una máquina medio extraña (daba la impresión de haberla fabricado él mismo) me dijo que el Barrio está casi igual que hace 15 años solo que ahora hay menos baldíos y la mayoría de las calles ya están pavimentadas. Lógicamente no pude recorrerlo por completo porque es demasiado grande pero había dos cosas que no quería dejar de conocer: la casa donde vivió mi papá y la famosa Torre que menciona en el capítulo 1. También hubiera querido visitar la Base del Jefe y la del Cazador, por ejemplo, pero no tengo idea en dónde habrán estado ubicadas. Mi abuela me dibujó un plano porque dice que es muy fácil perderse en las calles del Barrio. Todo salió muy bien aunque me pasó algo raro y gracioso, porqué no. Mientras iba caminando hacia la Torre pude escuchar la melodía de una flauta. Cuando me detenía a mirar de dónde podía venir, la música paraba. Cuando volvía a caminar, la melodía arrancaba de nuevo. Me di cuenta que alguien me estaba haciendo una joda (una broma, para los amigos que no son de Argentina) y me fui. Nunca supe de dónde venía ese sonido.
Habrán notado que el título del post es "Primer Viaje al Barrio", esto es porque hace poco hice un segundo viaje, previo encuentro con Franco, el dueño del negocio de antigüedades. Pero eso se los cuento en la próxima entrada ;)
Los dejo con las fotos! Hagan click sobre ellas para poder verlas más grandes.




La casa donde vivió mi papá



La Torre vista desde lejos



La Torre. Hace varios años se usaba para llevar agua a las casas del Barrio. Ahora está abandonada.

jueves

Capítulo 10: Todas las Piezas Sobre el Tablero


No sé cuántas horas estuve en el calabozo de la Banda del Jefe, pero creo que fueron unas 4 o 5. Se trataba de una especie de cabaña de madera de 2 metros por 3 o algo así, totalmente oscura, sin ventanas y con piso de tierra. No veía absolutamente nada, solo una oscuridad total desplegarse frente a mí. Abrir y cerrar los ojos era exactamente lo mismo. Creo que nunca antes había experimentado de manera tan fuerte la sensación de ceguera. Comencé a caminar casi con desesperación por ese pequeño espacio, tratando de definir sus medidas y de descubrir si había algo más. Pronto me invadió otra curiosa sensación: el vértigo. Puse mis manos hacia adelante por miedo a chocarme contra algo mientras creía adivinar que estaba en el medio de la habitación, pero pronto toqué una de las paredes. Sentí desconcierto e impotencia. No podía creer hasta qué punto dependía de mis ojos para orientarme. Frustrado, decidí sentarme en el suelo y esperar.

Tenía mucha ansiedad. Seguramente Lombriz estaría muy preocupado preguntándose porqué tardaba tanto en volver, aunque ya debía hacerse una idea: nuestro súper plan había fracasado patéticamente y yo había recibido mi enésimo golpe en la aventura.

Estuve un rato muy largo sentado en la tierra y pensando. Lentamente mis ojos empezaban a acostumbrarse a la oscuridad y podía distinguir las paredes y el suelo. No había mucho más. Lo único que podía hacer era mirar hacia la puerta con la esperanza de que se abriera pronto. El Jefe había dicho que me vendría a buscar para ir a invadir la Base del Cazador. Sin embargo, mi decepción iba a ser muy grande, porque finalmente el Jefe apareció y tenía novedades:

-Mandé a investigar y decías la verdad: el Camino Secreto existe ¡Es increíble! Me pregunto cómo sabías eso.

No respondí nada.

-Jaja, sos una caja de sorpresas, Julio. Bueno, vine a decirte que estamos listos para invadir al Cazador. Hoy va a ser un día histórico en el Barrio. Los golpes y los gritos se van a sentir en todas las esquinas. ¡Cómo esperé este momento! Quién hubiera dicho que un Don Nadie como vos iba a provocar semejante giro de acontecimientos.

El Jefe se burlaba de mí. Me moría de rabia. Hubiera querido matarlo a golpes ahí mismo pero tenía que tranquilizarme. Me puse de pie dispuesto a salir y acompañar a la Banda a la Batalla Final.

-Ah, hay un cambio de planes, Julio. Vos no venís con nosotros. Te vas a quedar acá hasta que decida qué hacer con vos. Seguramente te voy a seguir haciendo preguntas, parece que sabés muchas cosas. Ah, y otra cosa: olvidate de los Planos Maestros, yo me quedo con esos, sea lo que sean. Si querés te traigo otro recuerdo, como por ejemplo, una oreja del Cazador ¡Jaja!

El Jefe se fue dejándome totalmente confundido ¿En qué estaba pensando cuándo creí que hablarle de los Planos Maestros era una buena idea? ¿Qué me hizo pensar que el Jefe de la Banda más peligrosa del Barrio haría un trato conmigo? Me sentí el peor de los imbéciles. Lleno de rabia, empecé a patear el suelo como un chico de 5 años. En ese momento la puerta se abrió y entró uno de los guerreros del Jefe. Se sorprendió al verme en pleno berrinche y yo traté de disimular. Cuando lo observé bien, me di cuenta que ya lo había visto antes, era uno de los chicos que estaba en la entrada de la Base con Pablo, el rubio de las dos espadas.

-Julio, no tengo mucho tiempo así que voy a ser breve. La puerta va a quedar sin llave. Esperá unos 10 minutos y después salí y andate lo más rápido que puedas.

Yo no entendía nada ¿Quién era éste y por qué me ayudaba? Si el Jefe lo descubría desobedeciendo sus órdenes no tendría piedad con él. Tenía que tener muy buenas razones para hacer lo que estaba haciendo.

El chico agregó algo más.

-Y cuando estés afuera, andá a la Base del Cazador y encontrá los Planos Maestros.

Al ver la confusión en mi rostro, el chico aclaró, en parte, la situación:

-El Mensajero me habló de vos.

¡Así que eso era! No pude ocultar mi sorpresa. El Mensajero tenía razón. Tanto él como Florencia pertenecían a una Banda distinta a todas las otras. Recordé sus palabras: "No somos una Banda como las demás, que andan con palos y piedras peleando en las calles. Nosotros nos movemos en las sombras y hacemos todo en secreto". Enseguida me acordé de cómo terminaba la frase "...porque nuestra Banda tiene un objetivo muy claro: salvar al Barrio. Y para eso necesitamos esos Planos Maestros".

-¿O sea que estás en la Banda del Jefe como infiltrado?
-Mucha suerte, Julio - dijo sin hacerme caso mientras abría la puerta para irse.
-¡Esperá! - dije casi desesperado - El Mensajero dijo que la misión de ustedes es salvar al Barrio ¿Salvarlo de qué?
-De la Gran Devastación - respondió mientras salía del calabozo.

"La Gran Devastación" ¿Acaso había escuchado bien? ¿Qué quería decir con eso? Esas preguntas estuvieron bombardeando mi mente mientras trataba de calcular los 10 minutos que me había dicho el misterioso tipo. "La Gran Devastación". Sonaba a algo sublime y apocalíptico. Ni siquiera podía imaginar de qué podría tratarse pero me impresionaba la forma en que sonaba.
Mi corazón se aceleraba al máximo. Consideré que los 10 minutos ya habían pasado y que mi aventura estaba por llegar a su punto máximo. Era el momento de escapar del calabozo y de dirigirse a la Base del Cazador ¿Qué haría cuando llegara? ¿Con qué me encontraría?

Al correr por las calles del Barrio todo me pareció irreal, como dentro de un sueño. Había cierto movimiento. Chicos en bici, algunas Bandas viviendo sus propias aventuras, una nena con una pelota, etc. pero el movimiento mayor estaba a punto de producirse en la zona de Las Colinas. Allí, las dos Bandas más poderosas iban a chocar en una sangrienta batalla y yo tenía la loca intención de meterme en el centro mismo del caos.
Me iba aproximando a la Base del Cazador pero no se oía ningún ruido. Ni golpes ni gritos. Evidentemente el Jefe aún no había llegado. Cuando faltaba una cuadra para llegar a la Base me detuve. Estaba terriblemente agitado y nervioso. No se veía ningún movimiento. Miré para todos lados y de repente escuché que alguien me llamaba. Era Lombriz que estaba en lo alto de un árbol.

-¡Julio! ¡Por fin apareciste! ¿Qué te pasó? - dijo mientras bajaba del árbol.
-El Jefe me encerró en un calabozo pero alguien me ayudó a escapar ¡Ya están por venir a invadir la Base!
-¿Qué?
-¡Sí! Le hablé al Jefe sobre el Camino Secreto y eso lo convenció de atacar ¡En cualquier momento va a llegar con toda su Banda!
-¡Se va a encontrar con una sorpresa porque estuve vigilando y pude ver que reforzaron la seguridad en ese Camino! Es obvio que Damián les debe haber avisado

¡Damián! Me había olvidado de él. Evidentemente se había ganado la confianza del Cazador. El Camino Secreto ya no era más secreto. Ahora el Cazador estaba preparado para recibir al Jefe con una emboscada.
Estaba por preguntarle a Lombriz si se le había ocurrido alguna idea sobre cómo meternos en la Base y encontrar los Planos cuando una expresión en su rostro me llamó la atención.

-¿Qué pasa?
-Ahí, en ese techo... hay alguien mirándonos ¿Quién es?

Me di vuelta y lo reconocí al instante.

-¡Es Ezequiel!

Cuando Ezequiel se dio cuenta que lo habíamos descubierto salió corriendo y se perdió por entre los techos.

-¡La puta madre! ¡Ahora va a decirle a Damián que estamos acá!
-Mirá, Julio, llegaron tus amigos.

A media cuadra de distancia apareció la Banda del Jefe. Armados con palos, espadas y otro tipo de armas, marchaban en todo su esplendor rumbo al Camino Secreto que los llevaría hasta la Base del Cazador. La Batalla Final había empezado.

miércoles

Capítulo 9: Y entonces quedaron dos

Al otro día volví a reunirme con Lombriz. No dejaba de sorprenderme cómo la Banda se había reducido a nosotros dos. Florencia en el hospital, Alexis desaparecido, Damián en la Banda del Cazador y Ezequiel dando vueltas por ahí, seguramente sirviéndole de apoyo externo. Sin embargo, ambos estábamos enteros, dispuestos a continuar. Pero había que ser inteligentes. Teníamos que inventar un plan que nos permitiera encontrar los Planos Maestros sin exponernos a las traiciones y a los cuchillos en la garganta. Había llegado el momento de pensar con claridad y desarrollar una estrategia perfecta. Estaba cansado de ser el estúpido al que traicionaban y amenazaban. Ahora me tocaba a mí dar un golpe.
Con Alexis y el Errante desaparecidos, nos dábamos cuenta que lo mejor era probar con la Banda del Cazador. Infiltrarse nuevamente era arriesgado y algo tonto.
Entonces, tuve una especie de revelación. Uno de esos momentos en donde todas las piezas encajan mágicamente a la perfección.

-Tenemos que contarle al Jefe lo de los Planos Maestros.

Lejos de sorprenderse, Lombriz me miró con curiosidad, como sabiendo que se venía algo grande.

-Mirá, el Jefe y el Cazador están a punto de entrar en guerra ¿No?
-Sí, todo el año se ha venido hablando de eso.
-Bueno ¿Y si le diéramos al Jefe la llave para derrotar al Cazador?
-O sea… ¿Contarle lo del camino secreto? ¿Ese que te lleva hasta su Base?
-Ese mismo.
-¿Y que ganamos con eso?
-Pienso negociar con el Jefe. Él me ayuda a encontrar los Planos Maestros y yo le digo cómo invadir y derrotar al Cazador sin correr riesgos.

Lombriz dijo que era un plan genial pero también arriesgado ¿Y si el Jefe decidía quedarse con los Planos? Yo también había pensado en eso pero igualmente teníamos que probar. Me sentía invadido por una extraña seguridad. Me sentía capaz de lo que fuera y tenía que aprovechar ese estado. Sin embargo, había otra cosa que nos preocupaba: Damián y Ezequiel ¿En que andarían esos dos traidores? Pensaba en la mente maliciosa de Damián y ya no me sentía tan confiado. Decidimos que Lombriz se acercaría a la Base del Cazador para espiar sus movimientos mientras yo iba a encontrarme nuevamente con el Jefe.

No tardé mucho en llegar a las puertas mismas de la Base del Jefe. Como lo suponía, inmediatamente me salieron al paso algunos guerreros. Sin alterarme, levanté mis manos y les dije que tenía información valiosa para el Jefe. Enseguida apareció un flaco, rubio y alto, que blandía dos afilados palos a modo de espadas. Parecía de muy mal humor y por un momento creí que me atravesaría con una de sus armas.

-¿Y vos quién sos, maricón?

En ese instante apareció el Jefe.

-Está bien, Pablo, no hay problema. Adelante, Julio.

Pasé por el medio de Pablo y sus guerreros y pude notar el desprecio con el que me miraban. Tan acostumbrados estaban a ser lo más poderosos del Barrio que cualquier extraño era basura para ellos.

Bien. Estaba en un momento crucial. Tenía que mostrarme seguro ante el Jefe pero también debía lograr que confiara en mí. Había decidido revelarle nada más y nada menos que el secreto de los Planos Maestros y la jugada tenía que salirme a la perfección.

El Jefe sonreía satisfecho. Veía como una victoria el hecho de que yo hubiera vuelto. Desde el principio él sabía que yo tenía cosas importantes para decirle sobre el Cazador y ahora estaba ansioso por escucharme. Decidí que debía usar esa ansiedad en mi favor.

-Bueno, Jefe, no te equivocabas, tengo información para vos.

El Jefe no ocultaba su satisfacción.

-Te escucho.

-Cuando el Cazador me capturó acusándome de espía, tenía razón. Me infiltré en su Base buscando algo muy importante.
-¿Qué era?
-Algo llamado Los Planos Maestros.

El Jefe seguía sonriendo pero de forma diferente. Su intriga iba creciendo cada vez más.

-Nunca escuché sobre esos “Planos Maestros” ¿Qué son?
-Todavía no se.
-Hmm, no sabés, pero aún así te tomaste la molestia de venir a contármelo… ¿Qué es lo que buscás?
-Quiero que me ayudes a robarle los Planos al Cazador – dije tratando de mostrar seguridad.
-Jaja ¿Y a cambio de qué, Julio? Además ¿Qué pensás? ¿Que soy un pirata?
-Bueno, está claro que no hubiera venido hasta acá si no tuviera algo para ofrecer: La victoria sobre la Banda del Cazador.

Tal como esperaba, el Jefe pareció estremecerse al escucharme. Sin perder tiempo, le mencioné la existencia del camino secreto que podía llevarlo a las puertas mismas de la Base del Cazador sin ser descubierto. La intriga en los ojos del Jefe podía adivinarse a kilómetros de distancia y pronto hizo la pregunta que yo esperaba:

-¿Dónde está ese camino?
-No te lo puedo decir hasta tener tu palabra de que me vas a ayudar a encontrar los Planos Maestros.

El Jefe accedió y procedí a explicarle con detalle dónde estaba el camino secreto que me había mostrado el Mensajero. Me daba algo de gracia y satisfacción que el chico más poderoso y respetado del Barrio tuviera que recurrir a mí para tomar sus decisiones. Se podía decir que lo tenía en mi mano. Ahora era yo el que controlaba la situación, o al menos eso creí en ese momento porque al terminar nuestra conversación, el Jefe me agradeció, me dio la mano, sonrió e hizo un extraño gesto a alguien que estaba detrás de mí. Al darme vuelta, recibí un terrible golpe en el estómago. El espantoso dolor que vino después solo puede ser comprendido por quien haya pasado por lo mismo. Me faltaba el aire y caí de rodillas mientras miraba a mi agresor reírse. Era Pablo, el rubio de las dos espadas.

-Seguramente, mientras venías caminando para acá, pensabas: “El Jefe es un boludo, cuando le cuente mi historia, va a caer como pajarito en la trampa” ¿Me equivoco? ¡Jaja! ¡Seguro que lo pensaste! Y por otro lado ¿Hacer un trato conmigo? No, Julio, así no funcionan las cosas en el Barrio. Yo pongo las condiciones.

El Jefe se agachó junto a mí para tenerme cara a cara.

-Y la condición que pongo es que a partir de ahora sos nuestro prisionero y después, vas a venir con nosotros a invadir la Base del Cazador.

Apenas le presté atención. Sólo podía concentrarme en el intenso dolor que se prolongaba en mi estómago.

martes

En el negocio de antigüedades


Hace unos días les conté acerca del tipo que me llamaba diciéndome que había conocido a mi papá y de cómo sugería que nos encontráramos para hablar sobre el tema. Bien, con muchas dudas acepté y finalmente me encontré con él. Fue en su negocio de antigüedades. Un lugar extremadamente interesante, lleno de objetos y de historia. Me pasaría horas ahí adentro descubriendo cosas, pero es preferible que no porque el tipo me puso realmente muy incómoda. Al margen de la fea cicatriz que tiene en el rostro, su actitud no me cayó nada bien. Me observaba fijamente a los ojos con una mirada maliciosa y jugaba al misterioso todo el tiempo. De todas maneras, traté de no hacerle caso a eso y de escuchar lo que tuviera para decirme. ¿Cuándo y dónde había conocido a mi papá? Mi sorpresa fue grande cuando me dijo “En el Barrio, cuando yo tenía 11 años”. Por un momento creí que me estaba queriendo decir que él fue uno de sus amigos ¿Tal vez Damián? ¿Lombriz? ¿Tal vez el mismísimo Jefe? No. Enseguida me aclaró el panorama: “No éramos amigos, él ya era adulto y tenía una familia”. Le expliqué que eso no era posible porque en esa época mi papá tenía 12 años. Seguramente se estaba confundiendo. El tipo insistió. Dijo que se llamaba Julio Figueroa y que estaba seguro que era la misma persona. Con algo de rabia porque sentía que estaba perdiendo el tiempo le pedí que me explicara porqué estaba tan seguro pero se negó a profundizar más. Me puse muy nerviosa y, antes de irme, le dije que no me volviera a llamar porque lo iba a denunciar, aunque me parece que también le dije que iba a conseguir un arma y no iba a dudar en dispararle. No recuerdo bien, pero alguna cosa absurda de ese estilo fue lo que le dije.

viernes

Capítulo 8: Increíble y Perturbador



El padre de Florencia me hizo subir a su auto y partimos rumbo al hospital. Había hablado muy pocas veces con él. Siempre me saludaba muy amablemente pero nada más. Sin embargo, en aquel viaje en auto pude conocerlo mejor y me cayó demasiado bien. Primero me preguntó porqué estaba tan golpeado y cuando pensé que me iba a dar el típico sermón de “no es bueno pelear” me dijo que cuando él era chico le encantaba vivir aventuras y se peleaba todo el tiempo. Me contó que era el líder de su propia banda, pero que no sólo peleaban sino que también les encantaba descubrir e inventar cosas y que estaban obsesionados con la magia. Hablaba entusiasmado, como si por un momento volviera a tener 10, 11 o 12 años. Me dijo que yo le hacía acordar mucho a él y que no debía perder la pasión por la aventura. Señalaba que cuando vamos creciendo y las responsabilidades empiezan a ser mayores uno tiende a dejar de lado lo que le gusta y nos olvidamos de las aventuras. Nos hacemos patéticos seres grises que van a la escuela o al trabajo y se mueren extrañando los días de juventud.

Algunos minutos después llegamos al hospital. No tuvimos que esperar demasiado para entrar a la habitación donde Florencia dormía. Verla así fue un golpe demasiado fuerte, sobre todo porque me hacía acordar al nefasto momento en el que se había caído del árbol, pero por otro lado me alegraba mucho poder verla de nuevo. Estaba hermosa y con una expresión de tranquilidad, pero yo tenía la certeza de que se moría de ansiedad por no poder levantarse y salir a vivir su aventura. El médico le explicó al padre que Flor evolucionaba bien pero que todavía no podía saberse con exactitud cuándo iba a despertar. Con respecto a si iba a poder volver a caminar, dijo que aún era muy pronto como para saberlo.

Yo me moría de ganas por acercarme a su oído y contarle todo lo que me había pasado. Deseaba poder explicarle que la situación me había superado y que me quedaban muy pocas fuerzas como para seguir. Necesitaba un consejo, una idea, pero sobre todo, necesitaba ánimos. Me había quedado solo. Sin embargo, me tuve que quedar con las ganas. El padre de Flor estaba ahí y ni él ni nadie podían enterarse de mi misión.

Durante el viaje de regreso, el padre de Florencia estuvo mucho tiempo en silencio. Se lo veía bastante mal. Ya no tenía ese brillo en los ojos que le había visto cuando recordaba sus aventuras. Ver a su hija inconsciente lo había devuelto a la realidad. Pero cuando estábamos llegando al Barrio volvió a hablar y sus palabras me impactaron:

-Yo sé que Flor se va a poner bien. Todo esto es un momento muy desagradable y hay que pasarlo pero estoy tranquilo porqué sé que se va a despertar y va a volver a ser la chica imaginativa e inquieta que siempre fue. Además, si esto le tenía que pasar, prefiero mil veces que haya sido por caerse de un árbol viviendo una aventura que por otra razón más estúpida e inútil como un accidente en la ruta o una enfermedad. Cualquiera podría decir “Si no se hubiera subido a ese árbol esto no le habría pasado” pero ¿Sabés qué? Si no se hubiera subido a ese árbol sería una chica triste y reprimida. Una chica que un día va a ser una adulta arrepentida de no haberse subido a ese árbol.

Aquel hombre hablaba con una pasión y convicción que emocionaban, sin embargo, cuando ya faltaba una cuadra para llegar, dijo algo demasiado extraño y perturbador:

-Julio, no te transformés en ese adulto. Vos no sos como la mayoría. No sos de los que se rinden, de los que abandonan la aventura, de los que le huyen al destino. Vos sos diferente. Obstáculos siempre hay ¡y menos mal! Porque sino, no habría ninguna aventura.

En ese momento paramos frente a su casa. Habíamos vuelto al Barrio. Bajé del auto algo aturdido por tantas emociones ¿Por qué me había dicho todo eso? ¿Sabía acaso sobre mi misión? ¿Acaso sabía que todo me estaba saliendo mal y que pensaba abandonar?
Entonces, cuando me estaba por despedir, el padre de Flor me dijo que esperara, que quería darme algo. Se metió a su casa y yo me quede de pie en la vereda. Al instante salió con una pequeña caja de madera en sus manos.

-Julio, esto es para vos. Adentro hay algo grande. Algo que te puede ayudar. Pero no la abrás ahora. Abrila cuando la angustia te ahogue, cuando el aburrimiento te haya consumido todos los huesos, cuando se te formen amargos pliegues alrededor de la boca, cuando realmente sientas que no hay esperanza. Ahora no. Ahora estás a tiempo de cambiar tu destino, de elegir el camino.

El padre de Flor se despidió y yo me quedé de pie con la caja de madera en mis manos, mientras atardecía en el Barrio. Por un momento consideré la posibilidad de que aquel hombre estuviera loco pero la deseché rápidamente. Ese hombre realmente amaba la aventura y si me había regalado una caja de madera con algo “grande” adentro que sólo debía abrir cuando sintiera que ya no había esperanza, entonces así iba a ser. De repente, mi incertidumbre y mis temores comenzaban a apagarse ante una oleada de valor y determinación. No podía rendirme. Las palabras del padre de Flor empezaban a hacer un gran efecto en mi ánimo. Una vez más me daba cuenta que no podía fallarle a Florencia.

Entonces, a lo lejos apareció Lombriz. Sentí una tremenda alegría al ver a mi gran amigo acercarse con su inconfundible paso, hasta me daban ganas de abrazarlo, pero pronto noté algo en él que me estremeció. Era su expresión. Parecía que había visto un monstruo, algo increíble y perturbador. Cuando nos encontramos, me dijo que él y Alexis habían visto al Errante en el Desierto pero cuando quisieron hablarle, comenzó a correr. Lo persiguieron algunas cuadras pero demostró ser extremadamente ágil y veloz. Los mareaba, se escondía y desaparecía detrás de los árboles para luego aparecer tras ellos y correr en dirección contraria. Lo perdieron de vista varias veces hasta que finalmente, Alexis logró alcanzarlo en una esquina. Y acá viene lo que impactó a Lombriz: él estaba más o menos a una cuadra de distancia observando cómo Alexis forcejeaba con el Errante. Su intención era apurarse en llegar para ayudarlo a reducirlo. Mientras me lo contaba, Lombriz insistió muchas veces en que el brillo del sol lo enceguecía, que estaba muy cansado de tanto correr, que había algunos árboles que le tapaban la vista y que además, la distancia era importante. Yo me volvía loco. “Pero ¿Qué viste, Lombriz? ¡Decime qué viste!”

-Desaparecieron los dos, Julio. Cuando llegué a la esquina, ya no estaban.

Una leve brisa soplaba por entre los árboles. Realmente era un hermoso atardecer en el Barrio.

jueves

Los Secretos del Barrio en Facebook

Como algunos de ustedes saben, estoy en Facebook. Aunque abrí mi perfil desde hace un tiempo, recién últimamente le empecé a prestar más atención. Para los que quieran "agregarme como amiga" ésta es la dirección http://www.facebook.com/julietafigueroa

Otra cosa, una amiga me dio la idea de hacer una página en Facebook para Los Secretos del Barrio. Quise probar y varios amigos ya se han hecho "fans". ¡Gracias a todos por la buena onda!

Para los que se quieran sumar, pueden acceder desde el panel que está en la columna de la derecha o sino desde ésta url http://www.facebook.com/pages/Los-Secretos-del-Barrio/139374026833

¡Saludos y pásenla bien!

Capítulo 7: Encuentro con el Jefe

La última vez que escribí conté mi deseo de visitar el Barrio donde mi papá vivió la aventura que narra en su diario. Finalmente lo hice y en los próximos posts voy a contar cómo fue, además de publicar algunas fotos. Estuvo bastante bueno aunque también fue medio raro ya que conocí a algunas personas “extrañas” por así decirlo. Por eso he andado desaparecida aunque también porque volví a recibir llamadas por parte de ese hombre que me dijo que “conoció a mi papá”. Tal vez sea muy pronto como para comentarlo pero al parecer se quiere encontrar conmigo ya que tiene “algunas cosas que contarme”. Ya veremos de qué se trata, ahora, el Capítulo 7 ¡Gracias a todos por el aguante!

Victoria me ordenó que me levantara. Era la primera vez que veía a la mejor artillera del Barrio tan de cerca. Me pareció hermosa. Su pelo oscuro contrastaba con su piel blanca lo cual creaba un efecto mágico. Pero más allá de sus finas y bellas facciones, el rostro de Victoria indicaba seguridad y furia. Sin hablar demasiado me empujó y me dijo que caminara por delante de ella. Me advirtió que cualquier otro movimiento sería respondido con una piedra que “me reventaría la cabeza”. De más está decir que obedecí sin discutir. Atrás de nosotros quedaban dos chicos tirados en el pasto que podían asegurar que Victoria hablaba en serio.


En cuestión de segundos había pasado de ser prisionero del Cazador a ser prisionero de la Banda del Jefe. Tenía algo de temor pero más bien curiosidad por lo que iba a pasar. Acababa de salvarme de la muerte e inconscientemente pensaba que nada peor podría pasarme.
Caminamos unas cuantas cuadras. El sol pegaba fuerte y no había nadie en las calles. Victoria no hablaba, solo iba detrás de mí con su hondera lista para disparar. Pronto vi que nos acercábamos a la misteriosa Base. Me puse algo nervioso cuando supe que estaba por entrar a ese extraño lugar donde habitaban los feroces guerreros del Jefe, el personaje más admirado y odiado de todo el Barrio.

Finalmente llegamos a la Base. Al igual que el búnker de la Banda del Cazador, estaba en el patio de una casa rodeada de árboles y arbustos. Victoria me obligó a entrar. La Banda del Jefe era conocida por ser una de las más numerosas pero en ese momento había muy pocos chicos en su interior. Deduje que estarían dispersos por el Barrio, investigando o en alguna misión. No me olvidaba que la guerra contra el Cazador estaba a punto de estallar. Lo que no me imaginaba era que días después yo iba a jugar un papel demasiado importante en la resolución del conflicto.


Además de una suerte de cabaña, había un gran árbol en la Base. En lo alto había alguien observando la inmensidad del Barrio. Era el Jefe. Victoria llamó a unos chicos para que me vigilaran mientras ella iba a buscarlo. Hacia el fondo del patio había una segunda cabaña. Tenía aspecto como de abandonada pero despedía humo por una chimenea. Me pregunté quién estaría adentro y qué estaría haciendo ahí.


Pronto, el Jefe bajó del árbol y se dirigió hacia mí. Era extraño, en tan solo una hora iba a terminar siendo interrogado por los dos líderes más importantes del Barrio. Pero el Jefe me pareció distinto al Cazador. Si bien inspiraba temor y respeto, su mirada no era la misma. Era una mirada que transmitía misterio, como la de alguien que guarda muchos secretos, secretos que lo atormentan pero que nunca revelará a nadie.

Me preparé para ser menospreciado e insultado pero, para mi sorpresa, el Jefe resultó ser alguien amable que pretendía transmitir confianza.


-Volviste a nacer ¿Eh? El Cazador no se anda con vueltas, por suerte Victoria andaba cerca.

-Sí…
-¿Viste la puntería que tiene? Es impresionante.

-Sí, me gustaría darle las gracias pero no parece estar de humor.

-Jajaja, no te preocupes. Así es siempre.


La buena onda del Jefe parecía sincera así que me aventuré a hacerle una pregunta.


-Lo que no entiendo es porqué estoy acá ¿Soy prisionero?

-¿Prisionero? Yo no diría eso, solamente te quiero hacer unas preguntas, pero primero lo primero ¿Cómo te llamás?

-Julio
-Ah, como Julio Verne. Buena novela esa Cinco Semanas en Globo ¿La leíste?

-Sí, muy buena.

-Me gustaría volar en globo alguna vez, pero por ahora estoy más cerca de hacerlo con un barrilete, jaja


Al decir eso, el Jefe me miró de una manera extraña que me inquietó ¿Acaso sabía lo del barrilete de Florencia y los Planos Maestros?


-Y decime, Julio ¿Por qué el Cazador te quería cortar la garganta?


Finalmente, el Jefe mostraba sus verdaderas intenciones. Quería sacarme información, seguramente pensaba que yo podía revelarle varios datos importantes de su enemigo… o quizás estaba detrás de los Planos Maestros. Como fuera, no podía contarle la verdad. No podía fallarle a Florencia entregando semejante información. Mi deber era encontrar esos Planos, no dárselos a la Banda más temible del Barrio.


El nerviosismo empezaba a apoderarse de mí. Ya no recuerdo muy bien qué le dije, pero inventé una historia poco creíble. Yo andaba cerca de la Base del Cazador, sus guardias me detuvieron pensando que era un espía y antes de que pudiera dar explicaciones, el Cazador mandó a que me ejecutaran sin más.

El rostro del Jefe comenzó a cambiar. Ya no transmitía amabilidad ni confianza, ahora parecía tener cierta indignación-

-Julio ¿Hay algo que te haga pensar que yo no voy a dar la misma orden que el Cazador? Es más, podría cortarte la garganta yo mismo, ahora mismo.


-No entiendo…- dije dispuesto a no ceder.

El Jefe sonrió e inmediatamente gritó un nombre, creo que “Berenice” o algo así. Enseguida apareció una chica que llevaba un vestido de color morado. Era pelirroja, pálida y hermosa, aunque de apariencia y mirada inquietante. Oscura y melancólica. Berenice, si es que así se llamaba, traía un enorme cuchillo en la mano. Se lo dio al Jefe y se marchó. Antes me miró a los ojos, como si le sorprendiera verme ahí, como si ya me hubiera visto antes.


El Jefe me puso el cuchillo en la garganta y pude sentir el frío del metal en mi piel.
Verdaderamente sentí miedo, pero no por volver a estar tan cerca de morir sino por la mirada del Jefe. Había cambiado totalmente. Ahora estaba loco, endemoniado, decidido a matar.


-Escuchame, pelotudo, mejor que me digas la verdad porque no tengo ningún problema en cortarte la cabeza y sacarte los ojos ¿Me entendés?


Estuve a punto de confesar todo a los gritos. El barrilete, la caída de Florencia, los Planos Maestros, el Mensajero, la traición de Damián y Ezequiel, todo. Pero una vez más me vino a la memoria la cara de Florencia, su sonrisa y sus ojos. Me la imaginaba en el hospital, inconsciente, soñando, desesperada por no poder hacer nada para cumplir su misión y me di cuenta que era mejor morir a manos de ese demente antes que fallarle.


-¡Ya te dije la verdad! ¡Matame si querés, pero eso es lo que pasó!


Entonces el Jefe me soltó. Por supuesto que seguía sin creerme pero no pensaba matarme. Se calmó, sonrió, me palmeó, dijo que había sido un gusto conocerme y me dejó ir. Yo no entendía nada pero me apresuré antes de que se volviera loco de nuevo. Pero cuando me alejaba me dijo:


-Si tenés algo más para decirme, ya sabés donde encontrarme. Vamos a estar muy cerca de vos.


Me fui caminando muy rápido por las calles solitarias. Me sentía humillado, angustiado y cansado. Enseguida me vino un pensamiento demasiado fuerte: abandonar todo. Ya no quería saber nada con la misión. Me habían traicionado, me habían golpeado, me habían amenazado y me habían puesto dos veces un cuchillo en la garganta. Ya eran suficientes aventuras para mí. Prefería volver a mis libros, mis cómics y mis películas. Sin embargo, cuando estaba llegando a mi casa, me encontré con el padre de Florencia. Me saludó y me dijo que estaba a punto de ir a visitar a su hija al hospital. Al instante me preguntó si quería ir con él. Dudé un segundo pero pronto acepté. Esa pequeña decisión iba a cambiar por completo el curso de los acontecimientos.

Capítulo 6: Un cuchillo en la garganta

¡Hola a todos! Antes que nada, pido disculpas por la demora en postear, fueron semanas intensas en la facultad, pero ahora que me he liberado con éxito, vuelven las entregas del diario que escribió mi papá cuando tenía 12 años. En el post anterior mencioné que recibí unas “extrañas llamadas telefónicas”. Fueron unas cuatro. En las tres primeras atendí el teléfono pero nadie respondía, solo se escuchaba el sonido de la respiración, muy a lo película mediocre de suspenso. En la cuarta llamada ya me estremecí un poco:

Yo: Hola

Desconocido: ¿Julieta?
Yo: Sí ¿Quién habla?
Desconocido: ¿Julieta Figueroa?
Yo: Sí ¿Y usted es…?
Desconocido: Alguien que conoció a tu papá.

Y eso fue todo. Pudo haber sido una broma de algún amigo, alguien con ganas de molestar o quizás, alguien que realmente conoció a mi papá y que tal vez leyó este blog. Realmente lo dudo pero, como sea, me ha dado la idea (¿cómo no se me ocurrió antes?) de ir al Barrio. Recorrerlo, conocerlo, sacar fotos. Quiero pisar las calles de ese misterioso Barrio en donde mi papá vivió esta aventura oscura e increíble.

Ahora sí, el capítulo 6:

Estaba tirado en el suelo, sufriendo uno de los peores dolores que había sentido jamás, cuando escuché un revuelo a mi alrededor. La Banda del Cazador se acercaba corriendo para capturarme. El traidor de Damián los esperaba mientras me retenía en el suelo. De pronto se inclinó y me dijo algo al oído. No entendí pero alcancé a distinguir la palabra “líder”. Enseguida llegaron los guerreros del Cazador. En ese momento no me importó el enorme problema en donde me había metido, solo quería que el espantoso dolor en mi cara se detuviera. Cuando los chicos del Cazador me levantaron para llevarme al interior de la Base, pude ver que unas pequeñas gotas de sangre caían desde mi nariz al suelo.

Todo lo que pasó después lo viví como un confuso y nebuloso sueño. Me acuerdo que un par de guerreros me llevaron prácticamente a las patadas a la Base, es decir, al patio de la casa en donde estaban asentados. Era bastante grande y con algunos árboles y arbustos. Vi que había varios chicos yendo y viniendo, ocupados en varias tareas. Llevaban cosas a una especie de depósito, creo que eran armas (palos y lanzas). Incluso uno tenía una carretilla que parecía estar llena de piedras. También vi que en el centro de la Base había una especie de cabaña de madera. Deduje que ese era el “centro de operaciones” del Cazador y que, muy probablemente, allí estarían los Planos Maestros.

Los que me llevaban me pusieron contra un árbol y me dijeron que me quedara quieto. Un par se quedaron vigilándome y otro se fue. Imaginé que había ido a buscar a alguien, probablemente el Cazador. Recién en ese momento, mientras me recuperaba y empezaba a dejar de sangrar, comprendí el terrible problema en el que estaba. No sé si Damián tenía un trato con el Cazador, o si había decidido de la nada entregarme pero me sentí un idiota por no haberlo previsto. Damián siempre había sido oscuro, frío y con alma de traidor, pero, por otro lado, también era carismático, muy seguro de sí mismo y dueño de una personalidad de líder casi irresistible. Esa mezcla de características hacía que no fuera fácil enfrentarlo. Sin embargo, en ese momento me moría de la rabia y deseaba sobrevivir sólo para poder vengarme. Vi a Damián una vez más después de aquel día y puedo decir que no fue una venganza completa… o más bien, ni siquiera fue una venganza. Ya habrá tiempo para contarlo.

Estaba de pie, en la base de una de las dos bandas más temibles del Barrio, con la cara hinchada y a punto de ser interrogado por su líder, el famoso Cazador, pero no estaba desesperado. Tenía algo de temor, pero más que nada, tenía incertidumbre. La Banda del Cazador quería iniciar una guerra, se estaban armando para eso, querían ser los dueños del Barrio, y no iban a tener piedad por un espía. Si querían demostrar su poderío, tendrían que eliminarme.

Entonces llegó el Cazador. Creo que nunca lo había visto antes. Era un chico común, iba vestido de forma común, estatura normal, pelo oscuro, delgado. Pero había algo extraño en él. Era su mirada. Tenía una mirada fría y temible. Según había escuchado, le decían “Cazador” porque su actividad preferida era cazar pájaros. Al parecer, se jactaba de haber dado muerte a un pájaro enorme, con apariencia de águila, que a veces se dejaba ver por los cielos del Barrio y que era famoso por capturar animales grandes, como gatos y perros. El Cazador estaba frente a mí y pude comprobar que realmente tenía un aura de líder, no como yo, que en mi primer día de liderazgo había sido humillado y traicionado de la forma más despreciable y patética. El Cazador parecía estar apurado y empezó a interrogarme sin mucho interés.

-¿Quién sos? –me dijo mirándome con algo de desprecio
-Julio…
-¿Julio que?
-Julio Figueroa.
-¿De qué Banda sos? ¿Respondés al Jefe?
-No.
-¿Qué hacías espiando?
-Nada, no estaba espiando.

El Cazador me miró con mucho fastidio. Se leía en su mirada que tenía muchos asuntos importantes en los cuales ocuparse, más que perder el tiempo interrogando a un payaso con la cara hinchada.

-¿Qué estabas buscando, Julio Figueroa?
-No estaba buscando nada.

Yo trataba de mantenerme firme y no mostrar miedo, aunque no sé si lo logré. Pensé que el interrogatorio duraría más tiempo y que tarde o temprano tendría que confesar que buscaba los Planos Maestros, pero no fue así. El Cazador me lanzó una nueva mirada de fastidio y luego le dijo a dos de los que me habían traído:

-Llévenlo al baldío y ejecútenlo. No tengo tiempo para esto.
-Pero, Cazador ¿No habría que averiguar bien quién es y que estaba buscando?
-¿Qué importa eso? Lo que sea que estuviera buscando, no lo encontró. Llevatelo.

En ese momento llegó otro chico.

-Cazador, el que entregó al intruso quiere hablar con vos.
-¿Qué dice?
-Que no conoce al espía, solo lo vio rondar por la Base y, como tiene ganas de pertenecer a la Banda, le pegó para demostrarnos lo que vale.
-Hmm, bueno, ahora voy. Terminen con este asunto y vuelvan rápido porque tenemos mucho trabajo.

No puedo describir con palabras el odio que me invadió en ese momento. El sucio traidor de Damián tenía un plan y yo era su primera víctima. También me acordé de Ezequiel. Ese otro desgraciado era su aliado estratégico y otro de los que esperaba poder vengarme en el caso de salvarme.

Pero salvarse parecía imposible. Sin más trámites, dos de los guerreros del Cazador obedecieron la orden de su jefe, me sacaron de la Base y me llevaron a un baldío cercano. El Cazador había dicho que me “ejecutaran”. Llegamos al baldío. Era una siesta calurosa, solitaria (no había absolutamente nadie en las calles) y algo melancólica. Uno de los chicos tenía un enorme cuchillo. Vi la frialdad de su mirada y pensé “¿Acaso realmente va a matarme?”. Sentí que me mareaba. Otra vez esa desagradable sensación de que todo es un sueño se apoderaba de mí. Ya no podía esperar más ni fingir que estaba tranquilo, tenía que resistirme, lanzar patadas, puños, morder, cualquier cosa con tal de que no me clavaran ese cuchillo ¿Tan rápido iba a terminarse mi aventura? Los chicos me ordenaron que me diera vuelta. Forcejeé un poco pero fue inútil. Recibí algunas patadas, caí de rodillas y de pronto, sentí que uno me levantaba el cuello. Así que esa era la forma en que el Cazador ejecutaba a los espías: cortándoles la garganta. Cerré instintivamente los ojos y me acordé de Flor. ¡Qué rápido que le había fallado! Mi destino de aventuras y de líder de mi propia Banda se hacía pedazos contra la realidad. Pero entonces escuché un grito ahogado y las manos que sostenían mi cuello me soltaron. Uno de los chicos cayó a mi lado. El otro empezó a mirar para todos lados, desesperado. Al instante cayó también en el pasto. No lanzó ningún grito pero sí pude escuchar el ruido de un golpe seco. Al mismo tiempo sentí que algo me salpicaba la cara. Era sangre. Dos piedras junto a mí eran la respuesta de lo que había pasado. Sólo alguien en todo el Barrio podía hacer gala de semejante puntería. A lo lejos la observé. Corriendo por la calle en dirección hacia mí se acercaba Victoria, una de las guerreras de la Banda del Jefe, la mejor artillera de todo el Barrio. Acababa de salvarme la vida, pero cuando estuvo frente a mí, me apuntó con su hondera y gritó:

-No intentés nada raro, vas a venir conmigo.

Yo seguía arrodillado en el pasto ¿Qué podía intentar?

miércoles

Capítulo 5: Misión suicida

Después de una semana extraña, que comenzó con la noticia de la desaparición de una chica en circunstancias parecidas a las de mi papá y luego siguió con unas confusas llamadas telefónicas que recibí (pronto comentaré mejor esto último) vuelvo a postear un nuevo capítulo del diario de mi padre. ¡Muchas gracias a todos los que se suman día a día a este misterio!

Lo teníamos muy en claro. Había que dividirse en dos grupos y salir en busca de la Banda del Cazador y del Errante. Según el Mensajero, uno de los dos tenía los Planos Maestros. Sabíamos dónde se encontraba la Base del Cazador. Todo el mundo lo sabía ya que era una de las bandas más poderosas del Barrio y, de hecho, estaban dispuestos a arrebatarle el liderazgo a la banda más temible de todas: la Banda del Jefe. Definitivamente iba a ser terriblemente peligroso infiltrarse en su Base. Es más, prácticamente era imposible, pero el Mensajero nos había entregado un mapa que iba a facilitarnos mucho las cosas. En él, aparecía totalmente detallada la ubicación de la Base, los puntos de acceso, etc. Tampoco era la gran cosa ya que, lo más importante, es decir, el interior de la Base no figuraba. Pero figuraba algo clave: un punto débil.

La Base del Cazador se encontraba en el patio de una casa (al igual que la Base del Jefe). Estaba rodeada de árboles y continuamente había guardias custodiándola, eso sin contar que en su interior estaba lleno de chicos armados, ya que la banda era muy numerosa.
Pero eso no era todo, la Banda del Cazador se encontraba en la zona de Las Colinas (la parte alta del Barrio), lo cual significaba que todas las bandas de allí le respondían. Había que estar loco o ser un suicida para aventurarse por esos lados con intenciones de infiltrarse, pero, como ya dije, el mapa del Mensajero nos mostraba que tanta seguridad tenía un punto débil. Había una manera de llegar a las puertas mismas de la Base sin ser descubierto. El mapa indicaba claramente una especie de camino que se iniciaba en el jardín de una casa que estaba a media cuadra de la Base, por la misma vereda. Ese camino se extendía a lo largo de todas las otras casas. Estaba lleno de árboles y plantas varias, atravesaba rejas, tapias y jardines para finalmente llegar a un pasillo que estaba conectado directamente con la Base del Cazador. Según el Mensajero, nadie más que él y los miembros de su Banda conocían esa valiosa información. Siguiendo ese camino llegaríamos sin problemas a la Base. Luego habría que infiltrarse, lo cual era lo más difícil de todo, pero haciéndolo veloz y furtivamente había muchas posibilidades de tener éxito. La Base del Cazador tenía en su interior una especie de cabaña que los chicos habían construido. Si ellos tenían los Planos Maestros, seguramente estaban ahí.


La otra cuestión era encontrar al Errante ¿Y quién era el Errante? Yo no tenía ni idea. Había escuchado hablar de él pero nada más. Mis amigos estaban igual con la excepción de Ezequiel. Él conocía el mito del Errante. Al parecer se trataba de un chico del Barrio que no pertenecía a ninguna banda y que, de hecho, tampoco se sabía a ciencia cierta en qué zona vivía. Los rumores indicaban que deambulaba por las calles del Barrio (de ahí su nombre) y que podía estar en cualquier lado a cualquier hora. Es más, algunos señalaban que tenía la facultad de estar en varios lugares al mismo tiempo. Eso nos causó algo de gracia pero, de todas maneras, la información de Ezequiel era bastante interesante sólo que no nos alcanzaba para encontrarlo. Ezequiel creía recordar que alguien había dicho que el Errante solía pasar mucho tiempo en el Desierto (una especie de gran baldío en el límite del Barrio). Decidimos que empezaríamos a buscarlo por ahí.


Ahora solo faltaba formar los dos grupos. Eso me correspondía a mí por ser el líder pero Damián se me adelantó como el asqueroso oportunista que era y dijo:


-Vos, Ezequiel y yo vamos a la Base del Cazador. Lombriz y Alexis van al Desierto.


Lo dijo con tanta seguridad, con tanta autoestima y autoridad que yo no pude decir nada. Me quedé mirándolo como el perfecto boludo que era y terminé diciendo que “bueno”. Lombriz me miró desorientado. Él y yo formábamos un equipo, éramos muy amigos y confiábamos plenamente uno en el otro. Lombriz siempre estaba ahí para apoyarme e incluso defenderme con su fuerza. Era lo que se dice un “grandote bueno”, pero también muy inteligente y sin embargo ahora no podíamos estar en el mismo grupo culpa de mi indecisión.

Pulimos algunos detalles y partimos. La gran misión había comenzado. Alexis y Lombriz se encaminaron rumbo al Desierto a buscar al Errante y yo me uní a Damián y Ezequiel en busca de la Base de la Banda del Cazador.


Debí imaginarlo, incluso sospeché y no estuve para nada tranquilo en todo el viaje. Sabía que algo iba a pasar, podía oler el peligro y éste no venía precisamente del Cazador ni de sus guerreros. Tenía la traición a mi alrededor y no fui capaz de anticiparme.
Cruzamos el camino secreto que el mapa indicaba y cuando llegamos junto a la pared que nos separaba de la Base, Damián se asomó y dijo que no había casi nadie dentro y que podía infiltrarme. No había pensado en ser yo el que se iba a meter pero supuse que era obvio por ser el líder. Las dudas me invadieron. Había algo demasiado extraño en el aire. Damián y Ezequiel intercambiaban miradas todo el tiempo. De pronto, Ezequiel dijo que iba a salir a la calle “para ver si no había nadie cerca”. Se fue y yo me quedé con Damián que me miraba con una especie de sonrisa burlona casi imperceptible.


-Bueno, Julio ¿Te vas a meter o no? Seguís siendo el líder…- me dijo


Le iba a responder no se qué y sentí un fuerte golpe en la cara. El infeliz me acababa de pegar con su palo. Caí al suelo mientras un terrible dolor mezclado con ardor me invadía y alcancé a escuchar la voz del traidor que gritaba “¡Atención, Banda del Cazador, tengo a un intruso!”

lunes

Otra desaparición, otro cuaderno (noticia extraída de un diario)

Si bien no está directamente relacionado con el diario de mi papá, encontré una noticia que me llamó muchísimo la atención. Una chica de nombre Cecilia Bertolotto desapareció en Córdoba, Argentina, el pasado sábado 23 de mayo. Cien policías la buscan en una zona de las Sierras Cordobesas y según algunas informaciones, misteriosamente los perros rastreadores se desorientan todo el tiempo y no pueden encontrar su rastro. Pero lo más extraño del caso, lo que me hizo querer incluir la nota en este blog, es que los investigadores encontraron un cuaderno de Cecilia en donde había "extrañas anotaciones de corte místico". Si es la primera vez que entrás en Los Secretos del Barrio, te cuento que en este blog llevo adelante una investigación sobre la desaparición de mi papá hace 14 años y un misterioso cuaderno que escribió en su infancia. ¿Estarán ambos casos relacionados? Probablemente no, pero no deja de llamarme la atención... A continuación, la noticia:

Misteriosa desaparición de una joven

Carolina Bertolotto es buscada por policías y bomberos. Es un enigma que comenzó el sábado pasado.


Desde hace dos días, la tranquila ruta provincial 17 se ha convertido en un hervidero de policías, bomberos de los cuarteles de la región, baqueanos y perros rastreadores que buscan afanosamente a la estudiante cordobesa Carolina del Valle Bertolotto (28), desaparecida misteriosamente en la zona el sábado pasado.


Geográficamente, el lugar se ubica en esa ruta provincial, en el lugar denominado "el segundo vado" a 500 metros de una imagen de la Virgen de Lourdes y a cinco kilómetros del cerro El Pajarillo, camino a las grutas de Ongamira, en el marco de una agreste e inhóspita topografía serrana.


Carolina, quien se domicilia en barrio Cofico de Córdoba capital, junto con sus padres, Hugo Bertolotto y Beatriz Giordano, además de sus hermanas de 25 y 17 años, se ausentó rumbo a esta localidad el sábado pasado en horas de la mañana, en un colectivo de línea.


Según pudieron reconstruir los pesquisas policiales hasta el momento, en el marco de las directivas de la fiscal de Instrucción María Alejandra Hillman, la joven arribó a la terminal de Capilla del Monte, y ascendió a un remise que la trasladó hasta el lugar de la desaparición.


La estudiante de Ciencias de la Información (le falta una sola materia y la tesis para recibir el título), dio expresas indicaciones al conductor que pasara a buscarla ese sábado a las 20. Pero no concurrió a ese encuentro.
De ahí en más, todo se sume en el misterio y en el laberinto de las hipótesis, que intentan dilucidar cuáles fueron sus pasos en el intento de ubicar su paradero.

Detrás de sus pasos. La chica había arribado a la zona con la aparente intención, como indicaron sus padres, de fotografiar paisajes y regresar el mismo día por la noche a su hogar cordobés.


Esa tarde del sábado, algunos paseantes en el lugar creen haberla visto aunque curiosamente huyó al verlos, incluso perdiendo su celular en el camino.


Fue justamente el aparato telefónico, al que el sábado por la noche se comunicó su padre preocupado ante el hecho de que no habría regresado a Córdoba. Lo atendió un agente policial del destacamento de Ongamira: fue el principio de la desesperación familiar, desatando la frenética búsqueda que aún se mantiene incluso con un helicóptero policial y una avioneta.

Las pertenencias de Carolina fueron encontradas en la galería de una casa deshabitada de las inmediaciones ("Miski Wayra").

Ahí quedó su mochila y una costosa máquina fotográfica marca Nikon.
Pero el hallazgo tuvo algo más valioso, un cuaderno de apuntes de la joven.

"Todo era místico, como de alguien abstraído de la realidad, hablaba de un encuentro misterioso", confió uno de los investigadores, abrevando una nueva teoría no ajena a la región, que tiene como símbolo el cerro Uritorco con prácticas rituales que rozan lo esotérico."

Los socorristas siguen recorriendo el terreno y no consiguen mayores rastros de la joven. Ayer se cerró la búsqueda en la segunda jornada, sin mayores avances. Hoy, a primera hora, se reanudarán los esfuerzos por encontrar a Carolina.


La desaparición alimenta zozobras a medida que las horas pasan, las noches transcurren y lo agreste del paisaje todo lo domina.


Enigma


Carolina Bertolotto (foto) tiene 28 años y estudia Ciencias de la Información.


Excursión. Según familiares, la joven fue al cerro El Pajarillo a tomar fotografías.


Cuaderno. Además de hallarse su cámara, mochila y celular, se halló un cuaderno en el que hablaba de un "encuentro".


Huida. Testigos dicen que la vieron y que eso motivó su huida.

Link http://www.lavoz.com.ar/09/05/26/secciones/sucesos/nota.asp?nota_id=519839

jueves

Capítulo 4: El Mensajero

Confieso que éste fue uno de los capítulos que más me hicieron dudar de la veracidad del relato de mi papá. Aquí hace su aparición un extraño personaje que le habla a él y a sus amigos de una no menos extraña misión. Se trata de un hecho clave en la historia, un hecho que encaminaría a mi papá a las puertas de la misma muerte, según él mismo lo cuenta en los capítulos siguientes.

Primero lo vimos desde el patio. Andaba por la vereda, rondando de forma extraña. No le dimos importancia y continuamos con nuestro debate sobre qué significaba el mensaje encontrado dentro del barrilete. Entonces, el extraño nos llamó:

-Hola ¿Puedo hablar con ustedes? Creo que tienen algo que es mío


Me sobresalté un poco. Cuando alguien dice “tienen algo que es mío” no puede significar nada bueno. No entendíamos nada ¿Quién era este extraño? Decidimos salir a la vereda no sin intercambiar miradas de desconcierto. Incluso creí leer una vez más la mente de Damián por la forma en que me miró: “Si se hace el vivo, lo reventamos”


El extraño era un chico como de nuestra edad, pero de aspecto imponente, y no porque fuera enorme, sino por su actitud. Se paraba y nos miraba con autoridad. Debo admitir que su presencia me inquietó bastante.


-Ese barrilete es mío… veo que lo rompieron- dijo seriamente el extraño.

-O podría ser que se rompió con las ramas de algún árbol ¿Quién sos?- le respondió con seguridad Damián.

El extraño nos dedicó una mirada como de enojo y desprecio. Después empezó a sonreír. Nosotros solo lo mirábamos, no sabíamos a dónde quería ir.


-Supongo que vos sos Julio.


Me tomó por sorpresa. Le dije “sí” y la voz me salió algo temblorosa. Me sentí un idiota y traté de mostrar seguridad.


-Ejem… sí ¿Y vos quién sos?

-Por ahora sólo díganme El Mensajero. Vengo para hablar sobre el barrilete y el mensaje que encontraron en él… estaba destinado a Florencia, pero, bueno, ahora está muerta.

Escuché esas palabras y sentí que me enfermaba ¿Qué le pasaba a este infeliz?


-¿Muerta? Está en coma, boludo ¿De dónde sacaste que está muerta?

-Muerta, en coma, para el caso es lo mismo, no está en condiciones de llevar adelante la misión.
-¿Qué misión?- preguntó con desprecio Ezequiel, intentado imitar burdamente el estilo de Damián.
-La de encontrar los Planos Maestros, por supuesto.

Alexis intervino con su habitual calma:


-¿Qué son los Planos Maestros?

-Eso no es algo que les importe. Miren, leyeron este mensaje pero no iba dirigido a ustedes, así que me van a devolver mi barrilete y se van a olvidar de este asunto ¿Está claro?

Al Mensajero no le temblaba la voz para darnos órdenes. A mí me estaban entrando ganas de darle un buen golpe pero estaba terriblemente intrigado así que traté de tranquilizarme.


-Escuchame, “Mensajero”… este asunto nos importa y mucho ¿Sabés por qué? Porque antes de desmayarse, Florencia me dijo que encontrara los Planos Maestros ¿Sí? Me lo dijo específicamente a mí y lo menos que puedo hacer es esforzarme al máximo para cumplir con su deseo. No me importa que el barrilete sea tuyo, ahora lo tenemos nosotros.


Al terminar de hablar, me sorprendí a mí mismo de la seguridad y agresividad que había demostrado.
El Mensajero se quedó en silencio. Parecía estar pensando seriamente. No dejaba de mirarme, pero esta vez no con desprecio, sino con curiosidad.

-Bueno ¿Y? ¿Vas a decirnos que son los Planos Maestros?- preguntó Damián

-No.
-¿Por qué no?
-Porque ni yo mismo sé que son.

Volvimos a mirarnos. Nuestras miradas de “no entiendo nada de lo que está pasando” eran muy graciosas. Por fin, el Mensajero pareció tomar una decisión:


-Bueno, escuchen… este asunto es bastante serio. Tan serio que nunca estuvo en nuestros planes involucrar a cinco tarados, pero si Florencia te pidió que encontraras los Planos Maestros significa que confía mucho en vos y eso para mí ya es suficiente ¿Quieren encargarse de la misión? Adelante, pero les digo que va a ser muy peligroso. Demasiado.


Nos sentimos invadidos por una extraña alegría. La aventura se hacía cada vez más y más grande. Todavía no imaginábamos el desastre que se avecinaba, pero creo que si lo hubiéramos sabido, no nos habría importado. El único que parecía tener sus dudas era Lombriz.


-Esperá un segundo. Nadie se va a encargar de ninguna misión hasta que nos digas quién sos, porqué mandás mensajes en barriletes y qué carajo está pasando.


El Mensajero volvió a sonreír.


-No puedo decirles todo. Solo que Florencia y yo pertenecemos a una Banda, pero no a una Banda como las demás, que andan con palos y piedras peleando en las calles. Nosotros nos movemos en las sombras y hacemos todo en secreto porque nuestra Banda tiene un objetivo muy claro: salvar al Barrio. Y para eso necesitamos esos Planos Maestros.


El Mensajero hablaba con tanta seguridad (y con algo de soberbia) que le creímos. Al día de hoy aún tengo dudas sobre todo lo que vivimos. Si, fue muy fuerte y muy real. Hubo batallas, sangre, heroísmo, traiciones, muerte, pero ¿por qué razón? Quiero decir ¿En verdad los Planos Maestros eran tan importantes? ¿Acaso existían siquiera? ¿O todo formaba parte de un juego? Como sea, en ese momento no me importaba nada más que la aventura. Alexis, Lombriz, Damián y Ezequiel también estaban ansiosos por comenzar. El Mensajero agregó algo más:


-Como ya lo leyeron en el mensaje, hay 2 pistas firmes de dónde pueden estar los Planos Maestros: o los tiene el Errante o los tiene la Banda del Cazador. Lo mejor es que se dividan en 2 grupos para iniciar la búsqueda.

-Perfecto – dijo Damián entusiasmado
-Pero, como en toda misión, tiene que haber un líder y ese vas a ser vos, Julio.

La frase nos tomó por sorpresa a todos, sobre todo a mí. Damián no lo podía creer.


-No, no, pará. Está todo bien con vos y con Julio pero él no puede ser el líder…

-¿Estás diciéndome que el líder tendrías que ser vos? – preguntó el Mensajero que parecía disfrutar de la indignación de Damián.
-¡Y claro! Preguntale a cualquiera. Soy un líder natural.
-No me importa. El líder es Julio o no hay misión. Ustedes van a responderle a él y él a mí ¿Está claro? A él eligió Florencia así que él es el líder. Si no te gusta, podés abandonar la misión.

Damián se quedó sin palabras. No estaba acostumbrado a que le dijeran que no. No tuvo más remedio que aceptar. Confieso que sentí algo de orgullo al ser nombrado líder por un extraño pero también me sentí bastante incómodo. Damián podría haberme aceptado como líder pero no era tan seguro que estuviera dispuesto a responder mis órdenes. Además, también era cierto que él tenía más madera de líder que yo. Casi tuve ganas de terminar con la tensión y entregarle el liderazgo ahí mismo, pero no podía demostrar tanta debilidad. Damián miraba con desprecio y resentimiento al Mensajero… y también a mí! Nunca me inspiró mucha confianza pero ahora que yo era el líder, mucho menos. Para colmo, Ezequiel también comenzó a mirarme con odio. Eran muy amigos y siempre se apoyaban el uno al otro, especialmente si había que enfrentarse a alguien. La situación empezaba a sobrepasarme desde el comienzo mismo de la misión.


Antes de irse, el Mensajero nos dio un par de indicaciones más y nos entregó un pequeño mapa. Era el mapa de la Base de la Banda del Cazador. Hasta ese momento no lo había pensado pero ahora me daba cuenta que íbamos a tener que infiltrarnos en el búnker de una de las Bandas más temibles de todo el Barrio.