lunes

Otra desaparición, otro cuaderno (noticia extraída de un diario)

Si bien no está directamente relacionado con el diario de mi papá, encontré una noticia que me llamó muchísimo la atención. Una chica de nombre Cecilia Bertolotto desapareció en Córdoba, Argentina, el pasado sábado 23 de mayo. Cien policías la buscan en una zona de las Sierras Cordobesas y según algunas informaciones, misteriosamente los perros rastreadores se desorientan todo el tiempo y no pueden encontrar su rastro. Pero lo más extraño del caso, lo que me hizo querer incluir la nota en este blog, es que los investigadores encontraron un cuaderno de Cecilia en donde había "extrañas anotaciones de corte místico". Si es la primera vez que entrás en Los Secretos del Barrio, te cuento que en este blog llevo adelante una investigación sobre la desaparición de mi papá hace 14 años y un misterioso cuaderno que escribió en su infancia. ¿Estarán ambos casos relacionados? Probablemente no, pero no deja de llamarme la atención... A continuación, la noticia:

Misteriosa desaparición de una joven

Carolina Bertolotto es buscada por policías y bomberos. Es un enigma que comenzó el sábado pasado.


Desde hace dos días, la tranquila ruta provincial 17 se ha convertido en un hervidero de policías, bomberos de los cuarteles de la región, baqueanos y perros rastreadores que buscan afanosamente a la estudiante cordobesa Carolina del Valle Bertolotto (28), desaparecida misteriosamente en la zona el sábado pasado.


Geográficamente, el lugar se ubica en esa ruta provincial, en el lugar denominado "el segundo vado" a 500 metros de una imagen de la Virgen de Lourdes y a cinco kilómetros del cerro El Pajarillo, camino a las grutas de Ongamira, en el marco de una agreste e inhóspita topografía serrana.


Carolina, quien se domicilia en barrio Cofico de Córdoba capital, junto con sus padres, Hugo Bertolotto y Beatriz Giordano, además de sus hermanas de 25 y 17 años, se ausentó rumbo a esta localidad el sábado pasado en horas de la mañana, en un colectivo de línea.


Según pudieron reconstruir los pesquisas policiales hasta el momento, en el marco de las directivas de la fiscal de Instrucción María Alejandra Hillman, la joven arribó a la terminal de Capilla del Monte, y ascendió a un remise que la trasladó hasta el lugar de la desaparición.


La estudiante de Ciencias de la Información (le falta una sola materia y la tesis para recibir el título), dio expresas indicaciones al conductor que pasara a buscarla ese sábado a las 20. Pero no concurrió a ese encuentro.
De ahí en más, todo se sume en el misterio y en el laberinto de las hipótesis, que intentan dilucidar cuáles fueron sus pasos en el intento de ubicar su paradero.

Detrás de sus pasos. La chica había arribado a la zona con la aparente intención, como indicaron sus padres, de fotografiar paisajes y regresar el mismo día por la noche a su hogar cordobés.


Esa tarde del sábado, algunos paseantes en el lugar creen haberla visto aunque curiosamente huyó al verlos, incluso perdiendo su celular en el camino.


Fue justamente el aparato telefónico, al que el sábado por la noche se comunicó su padre preocupado ante el hecho de que no habría regresado a Córdoba. Lo atendió un agente policial del destacamento de Ongamira: fue el principio de la desesperación familiar, desatando la frenética búsqueda que aún se mantiene incluso con un helicóptero policial y una avioneta.

Las pertenencias de Carolina fueron encontradas en la galería de una casa deshabitada de las inmediaciones ("Miski Wayra").

Ahí quedó su mochila y una costosa máquina fotográfica marca Nikon.
Pero el hallazgo tuvo algo más valioso, un cuaderno de apuntes de la joven.

"Todo era místico, como de alguien abstraído de la realidad, hablaba de un encuentro misterioso", confió uno de los investigadores, abrevando una nueva teoría no ajena a la región, que tiene como símbolo el cerro Uritorco con prácticas rituales que rozan lo esotérico."

Los socorristas siguen recorriendo el terreno y no consiguen mayores rastros de la joven. Ayer se cerró la búsqueda en la segunda jornada, sin mayores avances. Hoy, a primera hora, se reanudarán los esfuerzos por encontrar a Carolina.


La desaparición alimenta zozobras a medida que las horas pasan, las noches transcurren y lo agreste del paisaje todo lo domina.


Enigma


Carolina Bertolotto (foto) tiene 28 años y estudia Ciencias de la Información.


Excursión. Según familiares, la joven fue al cerro El Pajarillo a tomar fotografías.


Cuaderno. Además de hallarse su cámara, mochila y celular, se halló un cuaderno en el que hablaba de un "encuentro".


Huida. Testigos dicen que la vieron y que eso motivó su huida.

Link http://www.lavoz.com.ar/09/05/26/secciones/sucesos/nota.asp?nota_id=519839

jueves

Capítulo 4: El Mensajero

Confieso que éste fue uno de los capítulos que más me hicieron dudar de la veracidad del relato de mi papá. Aquí hace su aparición un extraño personaje que le habla a él y a sus amigos de una no menos extraña misión. Se trata de un hecho clave en la historia, un hecho que encaminaría a mi papá a las puertas de la misma muerte, según él mismo lo cuenta en los capítulos siguientes.

Primero lo vimos desde el patio. Andaba por la vereda, rondando de forma extraña. No le dimos importancia y continuamos con nuestro debate sobre qué significaba el mensaje encontrado dentro del barrilete. Entonces, el extraño nos llamó:

-Hola ¿Puedo hablar con ustedes? Creo que tienen algo que es mío


Me sobresalté un poco. Cuando alguien dice “tienen algo que es mío” no puede significar nada bueno. No entendíamos nada ¿Quién era este extraño? Decidimos salir a la vereda no sin intercambiar miradas de desconcierto. Incluso creí leer una vez más la mente de Damián por la forma en que me miró: “Si se hace el vivo, lo reventamos”


El extraño era un chico como de nuestra edad, pero de aspecto imponente, y no porque fuera enorme, sino por su actitud. Se paraba y nos miraba con autoridad. Debo admitir que su presencia me inquietó bastante.


-Ese barrilete es mío… veo que lo rompieron- dijo seriamente el extraño.

-O podría ser que se rompió con las ramas de algún árbol ¿Quién sos?- le respondió con seguridad Damián.

El extraño nos dedicó una mirada como de enojo y desprecio. Después empezó a sonreír. Nosotros solo lo mirábamos, no sabíamos a dónde quería ir.


-Supongo que vos sos Julio.


Me tomó por sorpresa. Le dije “sí” y la voz me salió algo temblorosa. Me sentí un idiota y traté de mostrar seguridad.


-Ejem… sí ¿Y vos quién sos?

-Por ahora sólo díganme El Mensajero. Vengo para hablar sobre el barrilete y el mensaje que encontraron en él… estaba destinado a Florencia, pero, bueno, ahora está muerta.

Escuché esas palabras y sentí que me enfermaba ¿Qué le pasaba a este infeliz?


-¿Muerta? Está en coma, boludo ¿De dónde sacaste que está muerta?

-Muerta, en coma, para el caso es lo mismo, no está en condiciones de llevar adelante la misión.
-¿Qué misión?- preguntó con desprecio Ezequiel, intentado imitar burdamente el estilo de Damián.
-La de encontrar los Planos Maestros, por supuesto.

Alexis intervino con su habitual calma:


-¿Qué son los Planos Maestros?

-Eso no es algo que les importe. Miren, leyeron este mensaje pero no iba dirigido a ustedes, así que me van a devolver mi barrilete y se van a olvidar de este asunto ¿Está claro?

Al Mensajero no le temblaba la voz para darnos órdenes. A mí me estaban entrando ganas de darle un buen golpe pero estaba terriblemente intrigado así que traté de tranquilizarme.


-Escuchame, “Mensajero”… este asunto nos importa y mucho ¿Sabés por qué? Porque antes de desmayarse, Florencia me dijo que encontrara los Planos Maestros ¿Sí? Me lo dijo específicamente a mí y lo menos que puedo hacer es esforzarme al máximo para cumplir con su deseo. No me importa que el barrilete sea tuyo, ahora lo tenemos nosotros.


Al terminar de hablar, me sorprendí a mí mismo de la seguridad y agresividad que había demostrado.
El Mensajero se quedó en silencio. Parecía estar pensando seriamente. No dejaba de mirarme, pero esta vez no con desprecio, sino con curiosidad.

-Bueno ¿Y? ¿Vas a decirnos que son los Planos Maestros?- preguntó Damián

-No.
-¿Por qué no?
-Porque ni yo mismo sé que son.

Volvimos a mirarnos. Nuestras miradas de “no entiendo nada de lo que está pasando” eran muy graciosas. Por fin, el Mensajero pareció tomar una decisión:


-Bueno, escuchen… este asunto es bastante serio. Tan serio que nunca estuvo en nuestros planes involucrar a cinco tarados, pero si Florencia te pidió que encontraras los Planos Maestros significa que confía mucho en vos y eso para mí ya es suficiente ¿Quieren encargarse de la misión? Adelante, pero les digo que va a ser muy peligroso. Demasiado.


Nos sentimos invadidos por una extraña alegría. La aventura se hacía cada vez más y más grande. Todavía no imaginábamos el desastre que se avecinaba, pero creo que si lo hubiéramos sabido, no nos habría importado. El único que parecía tener sus dudas era Lombriz.


-Esperá un segundo. Nadie se va a encargar de ninguna misión hasta que nos digas quién sos, porqué mandás mensajes en barriletes y qué carajo está pasando.


El Mensajero volvió a sonreír.


-No puedo decirles todo. Solo que Florencia y yo pertenecemos a una Banda, pero no a una Banda como las demás, que andan con palos y piedras peleando en las calles. Nosotros nos movemos en las sombras y hacemos todo en secreto porque nuestra Banda tiene un objetivo muy claro: salvar al Barrio. Y para eso necesitamos esos Planos Maestros.


El Mensajero hablaba con tanta seguridad (y con algo de soberbia) que le creímos. Al día de hoy aún tengo dudas sobre todo lo que vivimos. Si, fue muy fuerte y muy real. Hubo batallas, sangre, heroísmo, traiciones, muerte, pero ¿por qué razón? Quiero decir ¿En verdad los Planos Maestros eran tan importantes? ¿Acaso existían siquiera? ¿O todo formaba parte de un juego? Como sea, en ese momento no me importaba nada más que la aventura. Alexis, Lombriz, Damián y Ezequiel también estaban ansiosos por comenzar. El Mensajero agregó algo más:


-Como ya lo leyeron en el mensaje, hay 2 pistas firmes de dónde pueden estar los Planos Maestros: o los tiene el Errante o los tiene la Banda del Cazador. Lo mejor es que se dividan en 2 grupos para iniciar la búsqueda.

-Perfecto – dijo Damián entusiasmado
-Pero, como en toda misión, tiene que haber un líder y ese vas a ser vos, Julio.

La frase nos tomó por sorpresa a todos, sobre todo a mí. Damián no lo podía creer.


-No, no, pará. Está todo bien con vos y con Julio pero él no puede ser el líder…

-¿Estás diciéndome que el líder tendrías que ser vos? – preguntó el Mensajero que parecía disfrutar de la indignación de Damián.
-¡Y claro! Preguntale a cualquiera. Soy un líder natural.
-No me importa. El líder es Julio o no hay misión. Ustedes van a responderle a él y él a mí ¿Está claro? A él eligió Florencia así que él es el líder. Si no te gusta, podés abandonar la misión.

Damián se quedó sin palabras. No estaba acostumbrado a que le dijeran que no. No tuvo más remedio que aceptar. Confieso que sentí algo de orgullo al ser nombrado líder por un extraño pero también me sentí bastante incómodo. Damián podría haberme aceptado como líder pero no era tan seguro que estuviera dispuesto a responder mis órdenes. Además, también era cierto que él tenía más madera de líder que yo. Casi tuve ganas de terminar con la tensión y entregarle el liderazgo ahí mismo, pero no podía demostrar tanta debilidad. Damián miraba con desprecio y resentimiento al Mensajero… y también a mí! Nunca me inspiró mucha confianza pero ahora que yo era el líder, mucho menos. Para colmo, Ezequiel también comenzó a mirarme con odio. Eran muy amigos y siempre se apoyaban el uno al otro, especialmente si había que enfrentarse a alguien. La situación empezaba a sobrepasarme desde el comienzo mismo de la misión.


Antes de irse, el Mensajero nos dio un par de indicaciones más y nos entregó un pequeño mapa. Era el mapa de la Base de la Banda del Cazador. Hasta ese momento no lo había pensado pero ahora me daba cuenta que íbamos a tener que infiltrarnos en el búnker de una de las Bandas más temibles de todo el Barrio.

martes

Capítulo 3: El Barrilete

Al otro día me levanté a las 9 de la mañana. Mi mamá no entendía nada, acostumbrada estaba a verme recién a las 12. No quería perder tiempo y enseguida salí rumbo al árbol. En lo alto aún estaba el barrilete, atrapado entre sus ramas. Sin pensarlo empecé a subir. Me costó bastante llegar a la punta, incluso me resbalé en un momento y un gran escalofrío me dio vueltas por el estómago, pero finalmente llegué junto al barrilete. No se puede pretender vivir aventuras en el Barrio si no se domina el arte de trepar árboles.
Agarré el barrilete y empecé a bajar. Cuando toqué tierra y me disponía a irme a mi casa a revisarlo vi que Damián se acercaba en su bici. Yo no quería que ninguno de los chicos me viera con el barrilete. Ninguno de ellos había escuchado a Florencia decirme lo de los Planos Maestros, o al menos eso creía yo, pero acá estaba Damián sorprendiéndome con las manos en la masa. Siempre odié eso de él: su habilidad para enterarse de todo, para estar ahí, en el momento justo y complicarte las cosas. Siempre fue muy inteligente, muy difícil de ocultarle cosas, siempre un paso adelante, y siempre, causando esa sensación de desconfianza, la sensación de que en cualquier momento te va a engañar.
Inútil era inventar alguna excusa. Damián llegó junto a mí, me vio con el barrilete, y cuando le iba a explicar porqué lo tenía en mis manos, me dejó sin palabras al decirme:

-¿Creés que el barrilete sea una pista para encontrar los Planos Maestros? Yo pienso que sí


En ese momento me acordé que tanto él como Alexis habían estado presentes cuando Florencia pronunció su misteriosa frase. Me sentí algo avergonzado. Damián me sonreía. Casi podía leer su mente “¿Pensaste que me podías engañar?”

Intenté no mostrarme sorprendido. Le dije algo como “no sé” y rápidamente nos pusimos a examinar el barrilete. No tenía nada fuera de lo común, entonces Damián propuso ir al patio de mi casa a seguir revisándolo. “No acá, a la vista de todos” agregó.
Empezamos a caminar y apareció Alexis. Nos vio con el barrilete y no pareció sorprenderse. Evidentemente él también había escuchado a Florencia y también se le había ocurrido que el barrilete tenía algo que ver con los Planos Maestros. De todas formas no quería hablar de eso, estaba muy ansioso por contarnos otra cosa:

-Acabo de pasar cerca de la Base del Jefe ¡Es impresionante cómo se están preparando! Tienen miles de palos, piedras y quién sabe qué más ¡En cualquier momento se arma la guerra!


La Banda del Jefe era la banda más poderosa y temible de todo el Barrio. Hasta ese momento nunca había hablado con ninguno pero sabía algunas cosas de ellos. Por ejemplo, que una de sus integrantes se llamaba Victoria y era conocida por ser la mejor artillera del Barrio (la había visto tirar una piedra desde una cuadra de distancia para pegarle en un ojo a un chico). También sabía que era una Banda muy numerosa (alrededor de 40 miembros), que su Base estaba ubicada en el patio de una casa deshabitada y que su líder era, por supuesto, el Jefe, el cual tenía fama de ser un gran estratega y alguien muy violento.

Alexis había dicho “en cualquier momento se arma la guerra” y esto era porque cuando yo llegué al Barrio (en otoño) una nueva Banda estaba surgiendo, la Banda del Cazador.
Desde el principio, esta Banda se mostró con claras intenciones de desafiar el liderazgo de la Banda del Jefe. A lo largo del año hubo provocaciones, amenazas, pequeñas batallas y todos en el Barrio sabían que en cuanto llegara el verano, comenzaría la guerra definitiva. La sola idea me había tenido fascinado durante todo el año ya que quería ver una gran guerra entre estas dos poderosas bandas, pero ahora prácticamente ni me importaba ya que teníamos entre manos algo que prometía ser más espectacular.
Nos fuimos al patio de mi casa (que era algo así como nuestra Base). Al rato llegaron Lombriz y Ezequiel quienes fueron debidamente informados del asunto del barrilete y los Planos Maestros. Todos estábamos confundidos y emocionados. La sensación de aventura e intriga empezaba a arder en nuestros corazones… y se sentía muy bien. Examinamos el barrilete y no parecía tener nada. Entonces, Damián decidió romperlo. Lo abrió por completo y ahí estaba lo que buscábamos: un mensaje.

“Dos pistas firmes. El Errante o la Banda del Cazador. Uno de los dos tiene los Planos Maestros. Espero respuesta”


Cientos de preguntas inundaron nuestras cabezas. Si hasta el momento todo lo que estaba pasando nos parecía increíble, esto ya era fantástico ¿Quién había escrito ese mensaje? ¿En qué secretos andaba Florencia? ¿Acaso era una especie de “espía”? No teníamos respuestas para ninguna de esas preguntas. Lo único que teníamos en claro era que la aventura ya había empezado y que íbamos a vivirla al máximo. Teníamos que encontrar esos famosos “Planos Maestros”, fueran lo que fueran, y para eso había que meterse en la base de la Banda del Cazador y por otro lado, encontrar al Errante (yo no tenía idea de quién era el Errante pero Ezequiel sí lo sabía). Estuvimos como una hora debatiendo con mucho entusiasmo todo lo que estaba pasando hasta que, de pronto, alguien apareció. Alguien que quería hablar con nosotros ya que habíamos encontrado su barrilete…

domingo

Capítulo 2: Sin Florencia

Una ambulancia se llevó a Florencia. Los chicos y yo nos quedamos en el Barrio, impresionados por verla así, al borde de la muerte. Teníamos tristeza, miedo y mucha bronca. Y cuando hay bronca la primera reacción es buscar cualquier culpable y desahogarse con él. Eso hacía Ezequiel mientras caminaba en círculos. Me gritaba que yo era el responsable de lo que había pasado.

-Si te hubieras negado, si no la hubieras dejado subir… ¡Todo por querer hacerte el héroe!

Lombriz, como siempre, se portó como el mejor amigo de la historia y me defendía diciendo que en todo caso la culpa era de todos. Damián estaba de acuerdo con Ezequiel pero al menos no estaba tan loco. Igual, me dijo la frase más hiriente de todas:

-Mirá si se muere… no vas a poder pedirle disculpas

Alexis no decía nada. Estaba pensativo mirando la nada. Me pregunto si en ese momento ya estaría planeando lo que algunos días después llevaría a cabo…

Yo no tenía fuerzas ni para responder las acusaciones de mis amigos. El verano no podía haber empezado peor. Yo quería emociones fuertes pero no esto. Esto no era una aventura. Era demasiado real, demasiado cercano a la muerte. Me acordaba de los ojos de Florencia poniéndose en blanco y me daban ganas de llorar.

Mi papá se había ido al hospital acompañando al padre de Flor y yo estaba esperando ansioso que volviera y me diera las novedades. Cuando al fin volvió, su mirada me anticipó que las cosas no habían mejorado.

-Está estable pero en coma. No saben si va a despertar, y si lo hace, probablemente no vuelva a caminar

Esa noche estaba muerto de cansancio pero no me podía dormir. Las imágenes de todo lo vivido me daban vueltas en la cabeza. Pero lo que sonaba con más fuerza eran las palabras de Florencia, esa extraña frase que me dijo entre susurros antes de desmayarse.

-Encontrá los Planos Maestros

¿Qué sería eso? ¿Por qué me habría dicho semejante cosa? ¿Quizás solo era producto del golpe y estaba delirando? Me puse a pensar detenidamente en esa misteriosa frase. “Los Planos Maestros”. Nunca en mi vida había escuchado nada sobre esos “planos”. Entonces, un destello, una revelación poderosa vino a mi mente y me acordé del barrilete. Todavía estaba en el árbol. ¿Podría tener algo que ver? Recordé la insistencia de Florencia en ir a buscarlo. Me puse terriblemente ansioso. Quería que la noche pasara rápidamente para ir a primera hora hacia el árbol. La aventura más impresionante, extraña y peligrosa que jamás había vivido estaba apenas comenzando.

viernes

Capítulo 1: Vacaciones de Verano

En este primer capítulo, transcripto íntegramente de su diario, mi papá (Julio) cuenta los trágicos hechos acontecidos durante el primer día de vacaciones de verano. Menciona a su banda de amigos, al Barrio (al cual describe como "mágico"), un misterioso barrilete cruzando el cielo y a Florencia, una amiga de la que confiesa haber estado completamente enamorado.

En unos días va a empezar el otoño. Las clases ya empezaron, hace una semana. Sin embargo, en este momento necesito escribir sobre los emocionantes y terribles sucesos que viví durante el verano. Todo empezó el primer día de vacaciones. Ese nefasto día (uno de los peores de mi vida) prometía ser glorioso y el comienzo de grandes aventuras. Lo había estado esperando casi con desesperación ya que las últimas semanas de clase se estaban volviendo insoportables. Cuando al fin llegó fue como liberarse de una pesada carga. No podía creer que el 5to grado hubiese terminado y que solo me faltara un año para empezar la Secundaria. De todas formas, eso no me importaba en lo más mínimo. Lo que realmente me importaba al empezar ese primer día de vacaciones era que al fin iba a vivir mi primer verano en el Barrio. Ese mágico y extraño Barrio en el cual ya no vivo y que extraño demasiado.

Había llegado al Barrio hacía menos de un año y desde el principio me impresionó su silencio, su inmensidad (es realmente enorme), sus misterios y sus miles de árboles. Pronto me hice de un grupito de amigos y cuando la escuela lo permitió, nos dedicamos a explorar y a vivir aventuras en el Barrio. Pisé casi todos los baldíos, conocí el Bosque (la plaza del Barrio), anduve por el Desierto, crucé el Río (una misteriosa corriente de agua que corre por la orilla de las calles y que ningún chico sabe dónde se origina), peleamos contra otras bandas, vi el Laberinto, las Colinas, la extraña y enorme Torre… En fin, conocí casi todos los rincones del Barrio. Pero los conocí superficialmente y por eso esperaba ansioso las vacaciones, porque en ese momento iba a tener todo el tiempo del mundo para explorar aún más y vivir más aventuras. Quería ser como uno de esos personajes de Emilio Salgari o como los héroes de las películas. Esperaba descargar toda mi energía y mi sed de aventura en ese misterioso e increíble Barrio.

Por eso había esperado tanto ese día. Día que empezó de manera inmejorable: no solo me reuní con mis 4 amigos de la Banda sino que también vino mi mejor amiga, Florencia. Hacía como dos meses que no podía verla fuera del colegio. Ahora al fin iba a poder experimentar una gran aventura de verano y estar todos los días con Flor. Podría verla en las calles, en los patios, al aire libre, lejos de la escuela.

Estaba enamorado de Florencia desde los primeros días de clase pero nunca había sido capaz de decirle nada al respecto. Me ponía como loco cuando me miraba, cuando me dedicaba alguna sonrisa y ni hablar si en algún momento podía llegar a rozar su mano. Pensaba todo el día en ella y me daba mucha ansiedad si no podía verla. No íbamos al mismo grado y eso era desesperante. Esperar al recreo para poder mirarla y quizás intercambiar algunas palabras (si no nos interrumpía alguna de sus aburridas amigas) me mataba pero valía la pena. Florencia era única. Al igual que a mi, le encantaban las aventuras, corría, saltaba tapias, trepaba árboles. Era pura energía ¿Cómo no me iba a enamorar? Hubiera dado cualquier cosa para que supiera lo que sentía por ella. Quisiera haber tenido el valor para decírselo pero nunca me animaba, siempre esperaba el momento preciso y por supuesto, ese momento nunca llegaba. Estúpidamente pensaba que el destino nos uniría en lugar de yo mismo hacer algo al respecto. De todas maneras, también había pensado que el verano sería un buen momento para decirle todo lo que sentía. En ese momento no podría haber imaginado como las cosas se echarían a perder.

Estábamos los seis en mi patio, hablando con entusiasmo de todo lo que íbamos a hacer mientras preparábamos nuestras armas, o sea, nuestros palos, cuando un barrilete perdido apareció volando por el aire, a unos 100 metros de nosotros. No estaba muy alto y mientras iba perdiendo altura, se quedó enganchado en las ramas de un árbol. A mi me pareció una imagen pintoresca y poco más, pero Florencia dijo que había que ir a buscarlo. Al principio, ninguno le veía la gracia a su idea, incluso Ezequiel le dijo que no jodiera pero Florencia insistió. Dijo que sería una aventura trepar semejante árbol y que si no queríamos ir, iría ella sola. Acto seguido salió a la calle en busca del barrilete. Nos miramos con los chicos y nos dimos cuenta que no nos quedaba otra más que acompañarla. Damián se quejaba y sugirió que Flor debería irse a jugar con sus muñecas. A mi me resultaba muy extraña su insistencia con ese barrilete pero pensé que si lograba bajarlo podría sumar una buena cantidad de puntos para con ella.

Enseguida llegamos a la esquina donde estaba el árbol. Es un árbol enorme, como de 20 metros. Lombriz me preguntó
“¿Querés que suba?” pero le dije que no. Lombriz es extremadamente ágil, al ser tan flaco le resulta muy fácil hacer esa clase de proezas, pero yo quería llevarme el crédito. Empecé a trepar y vi que Florencia hacía lo mismo. “Dejá, Flor, yo lo traigo” le dije, pero ella siguió subiendo. No era nada fácil abrirse paso por entre las ramas pero, antes de que me diera cuenta, ya iba por más de la mitad. Florencia me alcanzó rápidamente. Su agilidad era sorprendente. “¿Una carrerita?”, me dijo sonriendo cuando se puso a mi lado. Mi corazón se aceleró de emoción pero casi se me sale por la boca cuando vi como Flor desaparecía de mi vista y se iba para abajo. La rama donde pisaba se acababa de romper y Flor estaba cayendo. Se golpeó con varias ramas, se lastimó los brazos y las piernas y se estrelló de espaldas contra el suelo.

Fue terrible. Creí que había sido un sueño. Nunca había visto algo así, no parecía real. Florencia estaba consciente pero no se movía, ni gritaba, ni decía nada. Lombriz y Ezequiel salieron corriendo a buscar ayuda. Alexis se arrodilló junto a ella desesperado sin saber qué hacer. Damián, impactado, se tomaba la cabeza. Florencia había caído unos 10 o 15 metros y se había dado tan tremendo golpe que todavía me resuena en la cabeza el ruido que hizo su cuerpo al chocar contra el suelo. Bajé a toda velocidad y cuando toqué tierra noté que Florencia quería decirme algo. Apenas le salía la voz. Me agaché junto a ella, muy confundido y casi mareado y pude escuchar que me decía al oído:
“Julio… encontrá los Planos Maestros… encontralos”. Apenas terminó de pronunciar esa frase, se desmayó.

Presentación

Hola, mi nombre es Julieta Figueroa, tengo 19 años y estudio Periodismo. Presentarse es fácil, lo difícil va a ser explicar porqué abrí este blog y cuáles fueron las extrañas y misteriosas razones que me llevaron a hacerlo.
Como para empezar tengo que decir que me fascina todo lo relacionado con la investigación. Me encanta redescubrir el pasado, encontrar cosas antiguas que hablen de sucesos que ocurrieron hace décadas, hablar con gente que tiene historias para contar. Pienso que no hay nada como una buena historia. Y si bien me considero una mejor lectora, ahora me toca a mí contar una historia. Una historia oscura, enigmática y atrapante que tiene como protagonista a mi papá.
Mi papá desapareció cuando yo tenía 5 años. No me acuerdo casi nada de él. Fui criada por mi mamá y mi abuela. Nunca nadie supo que fue de mi papá. No andaba en nada raro. Trabajaba y se llevaba bien con todo el mundo. Según mi mamá, llevaba una vida predecible y rutinaria. Y sin embargo, desapareció sin dejar rastros. La policía lo buscó por todas partes, los medios cubrían todos los días cómo se desarrollaba el caso pero no se encontró NI UNA SOLA PISTA. Revisando recortes viejos de diarios y revistas veo que hasta un par de mentalistas se interesaron y ofrecieron sus servicios para saber qué le pasó a mi papá. Se elaboraron docenas de teorías y se dijeron miles de estupideces: que mi papá llevaba una doble vida y estaba metido en negocios sucios y lo hicieron desaparecer, que tenía una amante y se escapó con ella, que lo secuestraron extraterrestres, que era un espía de algún gobierno, que todo era un complot entre él y sus allegados, etc. Sólo les faltó decir que nunca existió y que era producto de la imaginación colectiva.
Prácticamente crecí sin padre y cuando le preguntaba a mi mamá cómo era él siempre se limitó a decir que era una buena persona y que vaya a saber Dios qué le pasó. Mi curiosidad nunca se conformó con eso y hace un mes me propuse averiguar todo lo que pudiera de él con la esperanza de saber porqué desapareció ¿Por qué tomé esta decisión? Bueno, todo empezó como un simple trabajo para la Facultad. Mi única motivación era investigar y contar una historia apasionante pero, a medida que me fui sumergiendo en este misterio, comprendí que también necesitaba conocer a mi papá, saber quién fue ese hombre que desapareció sin dejar rastros hace 14 años. En mi investigación, encontré mucho más de lo que esperaba. Me encontré con el pasado de mi papá, allá en donde todo empieza: la infancia.
Todavía no sé porqué desapareció ni en donde está pero poco a poco me voy acercando. Lo que van a leer a continuación es un diario que escribió mi papá cuando tenía 12 años y narra una serie de extraños sucesos que vivió durante unas vacaciones de verano en su barrio. Encontré este viejo cuaderno en un baúl con pertenencias de mi papá que mis abuelos aún conservan. Además del diario también había un par de novelas clásicas de aventuras: La Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson, Sandokán de Emilio Salgari y Un Capitán de 15 años de Julio Verne.
No sé hasta qué punto lo que cuenta mi papá en su diario ocurrió en verdad y hasta qué punto hace uso de su desbordante imaginación influenciada por sus lecturas para transformar lo que escribe en una historia fantástica. Como sea, me he propuesto descubrirlo porque presiento que en esos sucesos vividos por mi papá cuando tenía 12 años está la clave para saber porqué desapareció.
Además de mis averiguaciones y teorías iré transcribiendo el diario de mi padre. Espero que quienes se interesen por esta investigación también puedan apreciar una historia increíble, extraña y fantástica que me ha cambiado la forma de ver la existencia.

Julieta Figueroa
Mayo de 2009