miércoles

El Punto Sin Retorno

Cuando empecé con este blog, allá por el mes de mayo, ya hacía un mes que había comenzado con la investigación. Ya había encontrado el diario de mi papá, ya lo había leído por completo y ya estaba elaborando mis propias teorías. Teorías que, por el momento, no las he publicado porque antes quiero terminar de subir todos los capítulos (no es cuestión de dar “spoilers” a los lectores). Ya he dicho varias veces que me fascina investigar, que me encanta descubrir misterios y redescubrir el pasado. Lo que no he contado es que me fascina pero de manera prácticamente enfermiza. Es una obsesión. Si hay algo atrapante, algo que necesita ser investigado y puesto al descubierto, yo voy a estar ahí dispuesta a llevarlo a cabo hasta las últimas consecuencias. Puedo pasar días y horas sin comer y sin dormir haciendo esto. Incluso una vez me desmayé! (por suerte estaba en mi casa así que no hubo problema, solo tuve que recibir un buen reto por parte de mi mamá, jeje) Algunos amigos me dijeron que podía ser algo fuerte investigar sobre mi papá, ya que, al haber desaparecido, podía afectarme “emotivamente” exponerme tanto a su pasado, pero la verdad es que eso nunca pasó. Es más, al principio ni siquiera me importaba que fuera mi papá. Solamente me importaba resolver el misterio, descubrir cosas nuevas. No lo extraño ¿Cómo lo voy a extrañar si ni siquiera me acuerdo de él? Tenía 5 años cuando desapareció, lo único de lo que me acuerdo vagamente es de él levantándome en brazos, en el living de mi casa. Nada más. Pero a medida que fueron pasando los meses y fui metiéndome cada vez más y más en esta historia empecé a sentirme identificada con él. Me dieron ganas de conocerlo algún día (si eso fuera posible). ¿Por qué? Porque Julio Figueroa, el chico que escribió ese diario a los 12 años es como yo. Fanático de los misterios, capaz de soportar todos los golpes y todos los peligros con tal de resolverlos y de vivir aventuras. Al fin y al cabo es mi papá. Al fin y al cabo tenemos la misma sangre y eso sí que es fuerte.

Bueno ¿Y por qué estoy escribiendo todo esto? Porque tengo la impresión de que he llegado al punto sin retorno. Tal como lo conté en un comentario del post anterior, volví a encontrarme con Franco, el tipo extraño del negocio de antigüedades. Se acordarán que primero recibí varias llamadas incómodas y raras por parte de él (nunca me enteré cómo consiguió mi teléfono) y finalmente me convenció de reunirnos diciéndome que había conocido a mi papá. Cuando fui a su negocio comprobé en carne propia que el tipo o está algo trastornado, o le encanta jugar y perturbar a la gente, o las dos cosas. Me dijo que cuando era chico (de unos 11 años) vivió en el Barrio y, efectivamente, conoció a mi papá… pero que era adulto y tenía una familia. En esa ocasión me fui totalmente alterada no sin antes amenazarlo con denunciarlo o directamente con ¡dispararle! (sí, lo más absurdo que he dicho en mucho tiempo) si volvía a molestarme. Pero, bueno, al final fui yo la que volvió a llamarlo ¿Y por qué hice semejante cosa? Ya lo dije: porque estoy obsesionada.

Nos pusimos de acuerdo y decidimos volver a reunirnos en su negocio de antigüedades.
Entré una vez más a ese impactante lugar y ahí estaba Franco con su desagradable sonrisa y su horrible cicatriz. Ignoré eso y decidí ser directa. Había ido hasta allí para saber sólo una cosa: la dirección exacta del Julio Figueroa que dijo haber conocido. Conozco la casa donde mi papá vivió, incluso le saqué fotos, ahora necesitaba saber si el Julio adulto vivió en otra casa o si Franco se equivocó (mi sospecha era que quizás se confundió con mi abuelo, pero mi abuelo no se llama Julio). Al escucharme, lo primero que hizo fue reírse en mi cara. “Gordo hijo de puta” pensé. Pero entonces dejó de reírse. Agarró un papel y una lapicera y se puso a dibujar un plano. “Esta es la Torre, la ubicás ¿no? Bueno, Julio Figueroa, tu papá, vivía acá”. Cuando dijo “tu papá” me lanzó una mirada burlona. Me dio mucha rabia pero ya tenía lo que quería así que no dije nada.

En conclusión: Había dos Julio Figueroa en el Barrio. Uno tenía 12 años y era mi papá, el otro era adulto, tenía una familia y vivía cerca de la Torre. Eso o Franco estaba jugando conmigo, engañándome quién sabe para qué. Le dije “gracias” y me fui rápidamente sin mirarlo. Cuando salía del local me dijo “Mandale saludos a tu papá”.

Y entonces volví al Barrio. Con el plano que Franco me dibujó me dirigí hacia la casa cerca de la Torre. Sentía nerviosismo, expectativa, adrenalina y algo de angustia ¿Con quién me encontraría? Toqué el timbre y la puerta se abrió.

5 comentarios:

Srito Ale dijo...

si a alguien le da rabia qeudar intrigado, y no tiene ganas de andar rabioso, definitivamente no tiene q leerte
jajaja

espero q no tardes mucho en completar esta historia ¬¬

Lindos dias tengas
Au revoir

Julieta dijo...

¿Me creés si te digo que no lo hago a propósito? Jaja. Un beso, amigo!

Velkar dijo...

Estoy con Srito. Tú quieres acabar con nosotros, jajaja.

Fabuloso. Un abrazo y no tardes, por favor.

Nacho dijo...

Hola, ¿ este misterio es real o es ficción ? Más que nada por que si es real seguro que tu madre sabe donde está tu padre.

Velkar dijo...

Julieta. Cuando quieras actualizar ya no nos acordaremos de nada.
Un saludo!