martes

Capítulo 3: El Barrilete

Al otro día me levanté a las 9 de la mañana. Mi mamá no entendía nada, acostumbrada estaba a verme recién a las 12. No quería perder tiempo y enseguida salí rumbo al árbol. En lo alto aún estaba el barrilete, atrapado entre sus ramas. Sin pensarlo empecé a subir. Me costó bastante llegar a la punta, incluso me resbalé en un momento y un gran escalofrío me dio vueltas por el estómago, pero finalmente llegué junto al barrilete. No se puede pretender vivir aventuras en el Barrio si no se domina el arte de trepar árboles.
Agarré el barrilete y empecé a bajar. Cuando toqué tierra y me disponía a irme a mi casa a revisarlo vi que Damián se acercaba en su bici. Yo no quería que ninguno de los chicos me viera con el barrilete. Ninguno de ellos había escuchado a Florencia decirme lo de los Planos Maestros, o al menos eso creía yo, pero acá estaba Damián sorprendiéndome con las manos en la masa. Siempre odié eso de él: su habilidad para enterarse de todo, para estar ahí, en el momento justo y complicarte las cosas. Siempre fue muy inteligente, muy difícil de ocultarle cosas, siempre un paso adelante, y siempre, causando esa sensación de desconfianza, la sensación de que en cualquier momento te va a engañar.
Inútil era inventar alguna excusa. Damián llegó junto a mí, me vio con el barrilete, y cuando le iba a explicar porqué lo tenía en mis manos, me dejó sin palabras al decirme:

-¿Creés que el barrilete sea una pista para encontrar los Planos Maestros? Yo pienso que sí


En ese momento me acordé que tanto él como Alexis habían estado presentes cuando Florencia pronunció su misteriosa frase. Me sentí algo avergonzado. Damián me sonreía. Casi podía leer su mente “¿Pensaste que me podías engañar?”

Intenté no mostrarme sorprendido. Le dije algo como “no sé” y rápidamente nos pusimos a examinar el barrilete. No tenía nada fuera de lo común, entonces Damián propuso ir al patio de mi casa a seguir revisándolo. “No acá, a la vista de todos” agregó.
Empezamos a caminar y apareció Alexis. Nos vio con el barrilete y no pareció sorprenderse. Evidentemente él también había escuchado a Florencia y también se le había ocurrido que el barrilete tenía algo que ver con los Planos Maestros. De todas formas no quería hablar de eso, estaba muy ansioso por contarnos otra cosa:

-Acabo de pasar cerca de la Base del Jefe ¡Es impresionante cómo se están preparando! Tienen miles de palos, piedras y quién sabe qué más ¡En cualquier momento se arma la guerra!


La Banda del Jefe era la banda más poderosa y temible de todo el Barrio. Hasta ese momento nunca había hablado con ninguno pero sabía algunas cosas de ellos. Por ejemplo, que una de sus integrantes se llamaba Victoria y era conocida por ser la mejor artillera del Barrio (la había visto tirar una piedra desde una cuadra de distancia para pegarle en un ojo a un chico). También sabía que era una Banda muy numerosa (alrededor de 40 miembros), que su Base estaba ubicada en el patio de una casa deshabitada y que su líder era, por supuesto, el Jefe, el cual tenía fama de ser un gran estratega y alguien muy violento.

Alexis había dicho “en cualquier momento se arma la guerra” y esto era porque cuando yo llegué al Barrio (en otoño) una nueva Banda estaba surgiendo, la Banda del Cazador.
Desde el principio, esta Banda se mostró con claras intenciones de desafiar el liderazgo de la Banda del Jefe. A lo largo del año hubo provocaciones, amenazas, pequeñas batallas y todos en el Barrio sabían que en cuanto llegara el verano, comenzaría la guerra definitiva. La sola idea me había tenido fascinado durante todo el año ya que quería ver una gran guerra entre estas dos poderosas bandas, pero ahora prácticamente ni me importaba ya que teníamos entre manos algo que prometía ser más espectacular.
Nos fuimos al patio de mi casa (que era algo así como nuestra Base). Al rato llegaron Lombriz y Ezequiel quienes fueron debidamente informados del asunto del barrilete y los Planos Maestros. Todos estábamos confundidos y emocionados. La sensación de aventura e intriga empezaba a arder en nuestros corazones… y se sentía muy bien. Examinamos el barrilete y no parecía tener nada. Entonces, Damián decidió romperlo. Lo abrió por completo y ahí estaba lo que buscábamos: un mensaje.

“Dos pistas firmes. El Errante o la Banda del Cazador. Uno de los dos tiene los Planos Maestros. Espero respuesta”


Cientos de preguntas inundaron nuestras cabezas. Si hasta el momento todo lo que estaba pasando nos parecía increíble, esto ya era fantástico ¿Quién había escrito ese mensaje? ¿En qué secretos andaba Florencia? ¿Acaso era una especie de “espía”? No teníamos respuestas para ninguna de esas preguntas. Lo único que teníamos en claro era que la aventura ya había empezado y que íbamos a vivirla al máximo. Teníamos que encontrar esos famosos “Planos Maestros”, fueran lo que fueran, y para eso había que meterse en la base de la Banda del Cazador y por otro lado, encontrar al Errante (yo no tenía idea de quién era el Errante pero Ezequiel sí lo sabía). Estuvimos como una hora debatiendo con mucho entusiasmo todo lo que estaba pasando hasta que, de pronto, alguien apareció. Alguien que quería hablar con nosotros ya que habíamos encontrado su barrilete…