jueves

Capítulo 4: El Mensajero

Confieso que éste fue uno de los capítulos que más me hicieron dudar de la veracidad del relato de mi papá. Aquí hace su aparición un extraño personaje que le habla a él y a sus amigos de una no menos extraña misión. Se trata de un hecho clave en la historia, un hecho que encaminaría a mi papá a las puertas de la misma muerte, según él mismo lo cuenta en los capítulos siguientes.

Primero lo vimos desde el patio. Andaba por la vereda, rondando de forma extraña. No le dimos importancia y continuamos con nuestro debate sobre qué significaba el mensaje encontrado dentro del barrilete. Entonces, el extraño nos llamó:

-Hola ¿Puedo hablar con ustedes? Creo que tienen algo que es mío


Me sobresalté un poco. Cuando alguien dice “tienen algo que es mío” no puede significar nada bueno. No entendíamos nada ¿Quién era este extraño? Decidimos salir a la vereda no sin intercambiar miradas de desconcierto. Incluso creí leer una vez más la mente de Damián por la forma en que me miró: “Si se hace el vivo, lo reventamos”


El extraño era un chico como de nuestra edad, pero de aspecto imponente, y no porque fuera enorme, sino por su actitud. Se paraba y nos miraba con autoridad. Debo admitir que su presencia me inquietó bastante.


-Ese barrilete es mío… veo que lo rompieron- dijo seriamente el extraño.

-O podría ser que se rompió con las ramas de algún árbol ¿Quién sos?- le respondió con seguridad Damián.

El extraño nos dedicó una mirada como de enojo y desprecio. Después empezó a sonreír. Nosotros solo lo mirábamos, no sabíamos a dónde quería ir.


-Supongo que vos sos Julio.


Me tomó por sorpresa. Le dije “sí” y la voz me salió algo temblorosa. Me sentí un idiota y traté de mostrar seguridad.


-Ejem… sí ¿Y vos quién sos?

-Por ahora sólo díganme El Mensajero. Vengo para hablar sobre el barrilete y el mensaje que encontraron en él… estaba destinado a Florencia, pero, bueno, ahora está muerta.

Escuché esas palabras y sentí que me enfermaba ¿Qué le pasaba a este infeliz?


-¿Muerta? Está en coma, boludo ¿De dónde sacaste que está muerta?

-Muerta, en coma, para el caso es lo mismo, no está en condiciones de llevar adelante la misión.
-¿Qué misión?- preguntó con desprecio Ezequiel, intentado imitar burdamente el estilo de Damián.
-La de encontrar los Planos Maestros, por supuesto.

Alexis intervino con su habitual calma:


-¿Qué son los Planos Maestros?

-Eso no es algo que les importe. Miren, leyeron este mensaje pero no iba dirigido a ustedes, así que me van a devolver mi barrilete y se van a olvidar de este asunto ¿Está claro?

Al Mensajero no le temblaba la voz para darnos órdenes. A mí me estaban entrando ganas de darle un buen golpe pero estaba terriblemente intrigado así que traté de tranquilizarme.


-Escuchame, “Mensajero”… este asunto nos importa y mucho ¿Sabés por qué? Porque antes de desmayarse, Florencia me dijo que encontrara los Planos Maestros ¿Sí? Me lo dijo específicamente a mí y lo menos que puedo hacer es esforzarme al máximo para cumplir con su deseo. No me importa que el barrilete sea tuyo, ahora lo tenemos nosotros.


Al terminar de hablar, me sorprendí a mí mismo de la seguridad y agresividad que había demostrado.
El Mensajero se quedó en silencio. Parecía estar pensando seriamente. No dejaba de mirarme, pero esta vez no con desprecio, sino con curiosidad.

-Bueno ¿Y? ¿Vas a decirnos que son los Planos Maestros?- preguntó Damián

-No.
-¿Por qué no?
-Porque ni yo mismo sé que son.

Volvimos a mirarnos. Nuestras miradas de “no entiendo nada de lo que está pasando” eran muy graciosas. Por fin, el Mensajero pareció tomar una decisión:


-Bueno, escuchen… este asunto es bastante serio. Tan serio que nunca estuvo en nuestros planes involucrar a cinco tarados, pero si Florencia te pidió que encontraras los Planos Maestros significa que confía mucho en vos y eso para mí ya es suficiente ¿Quieren encargarse de la misión? Adelante, pero les digo que va a ser muy peligroso. Demasiado.


Nos sentimos invadidos por una extraña alegría. La aventura se hacía cada vez más y más grande. Todavía no imaginábamos el desastre que se avecinaba, pero creo que si lo hubiéramos sabido, no nos habría importado. El único que parecía tener sus dudas era Lombriz.


-Esperá un segundo. Nadie se va a encargar de ninguna misión hasta que nos digas quién sos, porqué mandás mensajes en barriletes y qué carajo está pasando.


El Mensajero volvió a sonreír.


-No puedo decirles todo. Solo que Florencia y yo pertenecemos a una Banda, pero no a una Banda como las demás, que andan con palos y piedras peleando en las calles. Nosotros nos movemos en las sombras y hacemos todo en secreto porque nuestra Banda tiene un objetivo muy claro: salvar al Barrio. Y para eso necesitamos esos Planos Maestros.


El Mensajero hablaba con tanta seguridad (y con algo de soberbia) que le creímos. Al día de hoy aún tengo dudas sobre todo lo que vivimos. Si, fue muy fuerte y muy real. Hubo batallas, sangre, heroísmo, traiciones, muerte, pero ¿por qué razón? Quiero decir ¿En verdad los Planos Maestros eran tan importantes? ¿Acaso existían siquiera? ¿O todo formaba parte de un juego? Como sea, en ese momento no me importaba nada más que la aventura. Alexis, Lombriz, Damián y Ezequiel también estaban ansiosos por comenzar. El Mensajero agregó algo más:


-Como ya lo leyeron en el mensaje, hay 2 pistas firmes de dónde pueden estar los Planos Maestros: o los tiene el Errante o los tiene la Banda del Cazador. Lo mejor es que se dividan en 2 grupos para iniciar la búsqueda.

-Perfecto – dijo Damián entusiasmado
-Pero, como en toda misión, tiene que haber un líder y ese vas a ser vos, Julio.

La frase nos tomó por sorpresa a todos, sobre todo a mí. Damián no lo podía creer.


-No, no, pará. Está todo bien con vos y con Julio pero él no puede ser el líder…

-¿Estás diciéndome que el líder tendrías que ser vos? – preguntó el Mensajero que parecía disfrutar de la indignación de Damián.
-¡Y claro! Preguntale a cualquiera. Soy un líder natural.
-No me importa. El líder es Julio o no hay misión. Ustedes van a responderle a él y él a mí ¿Está claro? A él eligió Florencia así que él es el líder. Si no te gusta, podés abandonar la misión.

Damián se quedó sin palabras. No estaba acostumbrado a que le dijeran que no. No tuvo más remedio que aceptar. Confieso que sentí algo de orgullo al ser nombrado líder por un extraño pero también me sentí bastante incómodo. Damián podría haberme aceptado como líder pero no era tan seguro que estuviera dispuesto a responder mis órdenes. Además, también era cierto que él tenía más madera de líder que yo. Casi tuve ganas de terminar con la tensión y entregarle el liderazgo ahí mismo, pero no podía demostrar tanta debilidad. Damián miraba con desprecio y resentimiento al Mensajero… y también a mí! Nunca me inspiró mucha confianza pero ahora que yo era el líder, mucho menos. Para colmo, Ezequiel también comenzó a mirarme con odio. Eran muy amigos y siempre se apoyaban el uno al otro, especialmente si había que enfrentarse a alguien. La situación empezaba a sobrepasarme desde el comienzo mismo de la misión.


Antes de irse, el Mensajero nos dio un par de indicaciones más y nos entregó un pequeño mapa. Era el mapa de la Base de la Banda del Cazador. Hasta ese momento no lo había pensado pero ahora me daba cuenta que íbamos a tener que infiltrarnos en el búnker de una de las Bandas más temibles de todo el Barrio.