jueves

Capítulo 10: Todas las Piezas Sobre el Tablero


No sé cuántas horas estuve en el calabozo de la Banda del Jefe, pero creo que fueron unas 4 o 5. Se trataba de una especie de cabaña de madera de 2 metros por 3 o algo así, totalmente oscura, sin ventanas y con piso de tierra. No veía absolutamente nada, solo una oscuridad total desplegarse frente a mí. Abrir y cerrar los ojos era exactamente lo mismo. Creo que nunca antes había experimentado de manera tan fuerte la sensación de ceguera. Comencé a caminar casi con desesperación por ese pequeño espacio, tratando de definir sus medidas y de descubrir si había algo más. Pronto me invadió otra curiosa sensación: el vértigo. Puse mis manos hacia adelante por miedo a chocarme contra algo mientras creía adivinar que estaba en el medio de la habitación, pero pronto toqué una de las paredes. Sentí desconcierto e impotencia. No podía creer hasta qué punto dependía de mis ojos para orientarme. Frustrado, decidí sentarme en el suelo y esperar.

Tenía mucha ansiedad. Seguramente Lombriz estaría muy preocupado preguntándose porqué tardaba tanto en volver, aunque ya debía hacerse una idea: nuestro súper plan había fracasado patéticamente y yo había recibido mi enésimo golpe en la aventura.

Estuve un rato muy largo sentado en la tierra y pensando. Lentamente mis ojos empezaban a acostumbrarse a la oscuridad y podía distinguir las paredes y el suelo. No había mucho más. Lo único que podía hacer era mirar hacia la puerta con la esperanza de que se abriera pronto. El Jefe había dicho que me vendría a buscar para ir a invadir la Base del Cazador. Sin embargo, mi decepción iba a ser muy grande, porque finalmente el Jefe apareció y tenía novedades:

-Mandé a investigar y decías la verdad: el Camino Secreto existe ¡Es increíble! Me pregunto cómo sabías eso.

No respondí nada.

-Jaja, sos una caja de sorpresas, Julio. Bueno, vine a decirte que estamos listos para invadir al Cazador. Hoy va a ser un día histórico en el Barrio. Los golpes y los gritos se van a sentir en todas las esquinas. ¡Cómo esperé este momento! Quién hubiera dicho que un Don Nadie como vos iba a provocar semejante giro de acontecimientos.

El Jefe se burlaba de mí. Me moría de rabia. Hubiera querido matarlo a golpes ahí mismo pero tenía que tranquilizarme. Me puse de pie dispuesto a salir y acompañar a la Banda a la Batalla Final.

-Ah, hay un cambio de planes, Julio. Vos no venís con nosotros. Te vas a quedar acá hasta que decida qué hacer con vos. Seguramente te voy a seguir haciendo preguntas, parece que sabés muchas cosas. Ah, y otra cosa: olvidate de los Planos Maestros, yo me quedo con esos, sea lo que sean. Si querés te traigo otro recuerdo, como por ejemplo, una oreja del Cazador ¡Jaja!

El Jefe se fue dejándome totalmente confundido ¿En qué estaba pensando cuándo creí que hablarle de los Planos Maestros era una buena idea? ¿Qué me hizo pensar que el Jefe de la Banda más peligrosa del Barrio haría un trato conmigo? Me sentí el peor de los imbéciles. Lleno de rabia, empecé a patear el suelo como un chico de 5 años. En ese momento la puerta se abrió y entró uno de los guerreros del Jefe. Se sorprendió al verme en pleno berrinche y yo traté de disimular. Cuando lo observé bien, me di cuenta que ya lo había visto antes, era uno de los chicos que estaba en la entrada de la Base con Pablo, el rubio de las dos espadas.

-Julio, no tengo mucho tiempo así que voy a ser breve. La puerta va a quedar sin llave. Esperá unos 10 minutos y después salí y andate lo más rápido que puedas.

Yo no entendía nada ¿Quién era éste y por qué me ayudaba? Si el Jefe lo descubría desobedeciendo sus órdenes no tendría piedad con él. Tenía que tener muy buenas razones para hacer lo que estaba haciendo.

El chico agregó algo más.

-Y cuando estés afuera, andá a la Base del Cazador y encontrá los Planos Maestros.

Al ver la confusión en mi rostro, el chico aclaró, en parte, la situación:

-El Mensajero me habló de vos.

¡Así que eso era! No pude ocultar mi sorpresa. El Mensajero tenía razón. Tanto él como Florencia pertenecían a una Banda distinta a todas las otras. Recordé sus palabras: "No somos una Banda como las demás, que andan con palos y piedras peleando en las calles. Nosotros nos movemos en las sombras y hacemos todo en secreto". Enseguida me acordé de cómo terminaba la frase "...porque nuestra Banda tiene un objetivo muy claro: salvar al Barrio. Y para eso necesitamos esos Planos Maestros".

-¿O sea que estás en la Banda del Jefe como infiltrado?
-Mucha suerte, Julio - dijo sin hacerme caso mientras abría la puerta para irse.
-¡Esperá! - dije casi desesperado - El Mensajero dijo que la misión de ustedes es salvar al Barrio ¿Salvarlo de qué?
-De la Gran Devastación - respondió mientras salía del calabozo.

"La Gran Devastación" ¿Acaso había escuchado bien? ¿Qué quería decir con eso? Esas preguntas estuvieron bombardeando mi mente mientras trataba de calcular los 10 minutos que me había dicho el misterioso tipo. "La Gran Devastación". Sonaba a algo sublime y apocalíptico. Ni siquiera podía imaginar de qué podría tratarse pero me impresionaba la forma en que sonaba.
Mi corazón se aceleraba al máximo. Consideré que los 10 minutos ya habían pasado y que mi aventura estaba por llegar a su punto máximo. Era el momento de escapar del calabozo y de dirigirse a la Base del Cazador ¿Qué haría cuando llegara? ¿Con qué me encontraría?

Al correr por las calles del Barrio todo me pareció irreal, como dentro de un sueño. Había cierto movimiento. Chicos en bici, algunas Bandas viviendo sus propias aventuras, una nena con una pelota, etc. pero el movimiento mayor estaba a punto de producirse en la zona de Las Colinas. Allí, las dos Bandas más poderosas iban a chocar en una sangrienta batalla y yo tenía la loca intención de meterme en el centro mismo del caos.
Me iba aproximando a la Base del Cazador pero no se oía ningún ruido. Ni golpes ni gritos. Evidentemente el Jefe aún no había llegado. Cuando faltaba una cuadra para llegar a la Base me detuve. Estaba terriblemente agitado y nervioso. No se veía ningún movimiento. Miré para todos lados y de repente escuché que alguien me llamaba. Era Lombriz que estaba en lo alto de un árbol.

-¡Julio! ¡Por fin apareciste! ¿Qué te pasó? - dijo mientras bajaba del árbol.
-El Jefe me encerró en un calabozo pero alguien me ayudó a escapar ¡Ya están por venir a invadir la Base!
-¿Qué?
-¡Sí! Le hablé al Jefe sobre el Camino Secreto y eso lo convenció de atacar ¡En cualquier momento va a llegar con toda su Banda!
-¡Se va a encontrar con una sorpresa porque estuve vigilando y pude ver que reforzaron la seguridad en ese Camino! Es obvio que Damián les debe haber avisado

¡Damián! Me había olvidado de él. Evidentemente se había ganado la confianza del Cazador. El Camino Secreto ya no era más secreto. Ahora el Cazador estaba preparado para recibir al Jefe con una emboscada.
Estaba por preguntarle a Lombriz si se le había ocurrido alguna idea sobre cómo meternos en la Base y encontrar los Planos cuando una expresión en su rostro me llamó la atención.

-¿Qué pasa?
-Ahí, en ese techo... hay alguien mirándonos ¿Quién es?

Me di vuelta y lo reconocí al instante.

-¡Es Ezequiel!

Cuando Ezequiel se dio cuenta que lo habíamos descubierto salió corriendo y se perdió por entre los techos.

-¡La puta madre! ¡Ahora va a decirle a Damián que estamos acá!
-Mirá, Julio, llegaron tus amigos.

A media cuadra de distancia apareció la Banda del Jefe. Armados con palos, espadas y otro tipo de armas, marchaban en todo su esplendor rumbo al Camino Secreto que los llevaría hasta la Base del Cazador. La Batalla Final había empezado.