martes

Cuando la puerta se abrió - Primera Parte


¡Hola a todos! Acá estoy de regreso, lista para publicar el primer post del 2010. Realmente los extrañé.Pido disculpas a todos por mi larga ausencia pero, como muchos ya saben, me tomé algunos días de vacaciones para descansar la mente de tanta investigación. Estuve en el campo, en medio de la nada, rodeada de verde (y mosquitos). Por supuesto, por más que quise, me fue imposible dejar de pensar en la desaparición de mi papá, en su diario y en todos estos raros sucesos. Pero por sobre todo, me fue imposible no pensar en lo último que me pasó. Sin lugar a dudas, lo más perturbador que me ha ocurrido jamás.
Recordarán que en el post titulado El Punto Sin Retorno comenté mi nueva visita al Barrio buscando la casa donde, según Franco, el tipo de las antigüedades, vivió mi papá en versión adulta (o al menos otro hombre también llamado Julio Figueroa). Bien, a continuación voy a contarles lo que pasó luego de encontrar la casa y tocar el timbre. Si bien este suceso ocurrió a finales del año pasado, recién terminé de escribirlo hace un par de horas. Debido a eso no pude recordar exactamente como pasó todo, pero a grandes rasgos, así fue:

Llegué en medio de una siesta calurosa y silenciosa. No había nadie en las calles, algo que parece ser una constante en el Barrio. La ansiedad y las dudas crecían con cada paso que daba en dirección a la casa. La vieja Torre que antes se usaba para abastecer de agua a los habitantes se levantaba imponente y parecía observarme. Cuando encontré la casa y toqué el timbre me di cuenta que no sabía qué iba a decir si alguien salía. No tenía nada preparado y estaba tan nerviosa que ni siquiera me sentía capaz de improvisar. Cuando vi que la puerta se abría sentí mi corazón acelerarse y llegué a pensar que no me iba a salir la voz. Entonces apareció un hombre de unos 70 años. Era muy alto y delgado, el pelo le llegaba a los hombros y lo tenía muy blanco. Parecía estar en un muy buen estado físico. Desde la puerta me dijo “Hola”. Le respondí lo mismo pero ya no pude decir otra cosa. Estaba paralizada, no sabía qué inventar. Estaba viviendo una situación increíblemente surrealista que no se parecía a nada que hubiera vivido antes. El hombre me miraba sin entender qué me pasaba y enseguida me dijo “¿Buscás algo?”. “Sí” contesté sin pensar pero al instante dije “No, me confundí, disculpe” Di media vuelta y me fui rápidamente. ¿Qué estaba haciendo? ¡Estaba huyendo! ¿Qué clase de estudiante de periodismo era? ¿Qué clase de “súper investigadora de misterios” haría lo que yo estaba haciendo? La situación me había superado y mi mejor idea era escapar. Pero no alcancé ni a dar cinco pasos cuando escuché la voz del hombre decir “¿Julieta?”. Sin poder creerlo me di vuelta.

-¿Cómo dijo?

-¿Vos sos Julieta? ¿La hija de Julio?

-Pero… ¿Y usted cómo sabe eso?

-Porque tu papá me dijo que ibas a venir.

No estaba segura de aceptar la invitación de aquel viejo a pasar a su casa pero mi intriga era tan grande que estaba al borde de un ataque de nervios. A simple vista, la casa parecía muy ordenada. Tenía muchos muebles de madera, una gran biblioteca con muchos libros y varios cuadros colgados en las paredes. Uno que me gustó mucho representaba el cofre de un tesoro que tenía la tapa abierta y dejaba ver cientos de monedas doradas en su interior. El hombre apareció con un vaso de jugo y me lo ofreció. Le dije “no, gracias” pero insistió diciéndome que seguro estaría muerta de sed por el calor. Yo no estaba dispuesta a tomar del vaso de un desconocido. El tipo parecía serio y educado pero el asunto se tornaba cada vez menos confiable.

-Mire… ¿Por qué no me dice de una vez lo que quiero saber?

-Como vos quieras, Julieta. Sentémonos y hablemos tranquilamente.

El viejo dejó a un lado el vaso de jugo y empezó a hablar.

-Has recorrido un largo camino ¿No? Y pensar que todo empezó como un trabajo para la facultad…

Yo me ponía cada vez más nerviosa.

-…Pero después encontraste el diario de tu papá y te obsesionaste. Parece una característica típica de los Figueroa. – dijo casi riendo.

-Espere, por favor, espere… - dije tratando de pensar claramente - ¿Acaso no me piensa decir cuál es su nombre, por lo menos?

-Jeje, no hay caso, che, no podés con tu alma de periodista ¿Qué importa cuál es mi nombre? ¿Qué importa quién soy? Lo que importa es que conocí a tu papá y probablemente tenga las respuestas que has estado buscando. Pero si te hace falta un nombre, podés decirme “Narrador”.

¡Bueno! Si hacía falta algo más para hacerme perder totalmente la paciencia, el viejo éste me lo acababa de dar.

-¿Narrador? ¿Me está cargando? ¿Es que nadie tiene un nombre de verdad? El Jefe, El Cazador, El Mensajero… Mire, si no me va a dar respuestas directas, mejor me voy – dije levantando la voz y dirigiéndome hacia la puerta.

-Como quieras, pero si te vas, ya no vas a poder encontrarte con tu papá.

El viejo tenía una extraña habilidad para dar golpes de efecto en los momentos precisos. Realmente parecía un Narrador. Indudablemente había dicho eso buscando impresionarme pero no lo había conseguido, lo cual hizo que la decepción se reflejara claramente en su cara ¿Por qué no lo había conseguido? Porque ya me esperaba algo así. Ya empezaba a descubrir los trucos del viejo.

-Ajá, encontrarme con mi papá ¿Usted me quiere decir que él está vivo y que siguen en contacto?

-Hmm, podría decirse…

-Escucheme, señor Narrador. Como ya debe saber, vine hasta esta casa luego de encontrarme con el enfermito de las antigüedades ¿Quién me asegura que ustedes dos no se han puesto de acuerdo para jugar conmigo, para hacerme una broma tan pelotuda como ésta? Y le voy a decir algo más: toda mi investigación, incluyendo el diario de mi papá, están en Internet así que no espere que me sorprenda diciéndome cosas que cualquier persona podría saber, como por ejemplo, mencionar el diario.

El viejo me miraba con los ojos bien abiertos y con una extraña sonrisa. Parecía satisfecho de oírme decir todas esas cosas.

-¿Vos estás esperando que te diga algo que te convenza de que estoy diciendo la verdad, Julieta?

-No me vendría mal…

-O sea que vos sos la que viene a mi casa haciendo preguntas raras pero soy yo el que tiene que dar explicaciones, jejeje… Decime, Julieta ¿Qué esperabas encontrar al venir acá?

-No sé, algo concreto, ya me cansé de tanta ambigüedad. Nada de todo esto tiene sentido. Mi papá desaparece sin dejar rastros, años después me encuentro con ese diario lleno de cosas extrañas, más tarde un gordo me dice que cuando él era chico conoció a mi papá y que vivía en esta misma casa pero ya era adulto, lo cual es imposible ¡Y como si todo eso fuera poco, vengo hasta acá y usted me dice que hay posibilidades de encontrarme con él!

-Sos igual a tu papá, obsesionada con los misterios y con buscar la verdad. Justamente por eso mismo te abandonó a vos y a tu mamá.

-¿Qué? – pregunté mientras la sangre se me helaba.

-Así es, Julieta. Ni secuestro, ni asesinato, ni encuentro con extraterrestres. Tu papá desapareció por decisión propia. Tenía algo mucho más importante que hacer más que envejecer adentro de una familia…

El viejo volvía a la carga con otro golpe de efecto y esta vez estaba consiguiendo lo que buscaba. No puedo describir muy bien cómo empecé a sentirme, pero fue uno de esos momentos en los que tus peores sospechas comienzan a confirmarse y vos no querés aceptarlo.

-No le creo nada.

-Pensá un momento, Julieta. Hacer desaparecer a alguien conlleva cierta inversión de tiempo y esfuerzo ¿Por qué alguien se metería en semejante problema para desaparecer a un tipo tan inofensivo como tu papá? Vos misma lo escribiste: “No andaba en nada raro. Trabajaba y se llevaba bien con todo el mundo.”

-No puedo estar segura de eso… y usted tampoco. – dije tratando de demostrar una firmeza que ya había perdido hacía rato.

-¿No? Conozco a tu papá prácticamente desde siempre. Lo vi niño, adolescente, adulto, casado. Conozco sus sueños, sus frustraciones, sus ideas, sus planes ¿Y vos, Julieta? Apenas tenés un vago recuerdo de él levantándote en brazos en el living de tu casa ¿Por qué te cuesta aceptarlo? Tu papá se fue porque quiso.

Entonces, mientras el viejo hablaba y presentaba sus devastadores argumentos, se me vino a la mente la imagen de mi mamá. Fue peor que recibir un mazazo. Pensé en cómo me había criado sola y cómo había sufrido tanto por su esposo desaparecido y, sin embargo, todo indicaba que mi papá se había ido por su propia cuenta. Quise ser fuerte. No quería dejarme llevar por las palabras de un viejo que ni conocía pero ya era demasiado tarde. Al fin y al cabo, esa era una de las teorías que yo manejaba. Al fin y al cabo, era lo más lógico. De repente, mi creciente angustia empezaba a mezclarse con otro sentimiento: la rabia.

-Entiendo que sea un duro golpe para vos, Julieta, pero esa es la verdad.

-¿Por qué me está contando todo esto? – le pregunté tratando de contener las lágrimas.

-Porque tu papá me lo pidió. Tiene muchas ganas de verte, Julieta.

-¿Ah, sí? ¿Y dónde está?

-Eso es algo difícil de saber pero tengo justo lo que necesitás para encontrarlo – y mientras hablaba, el viejo se fue hacia su habitación y al instante volvió con un pequeño cofre de madera. Lo abrió y en su interior había una llave.

-¿Qué es esto?

-Uno de los dos objetos que te van a hacer falta para encontrarte con tu papá. El otro lo tiene un amigo mío, vive a unas ocho cuadras de acá ¿Vamos? – dijo el viejo con un entusiasmo casi infantil.

Todo se desarrollaba demasiado rápido y apenas podía captar la mitad de las cosas que el Narrador me decía. En menos de media hora, me había tirado en la cara un montón de golpes de efecto y se había guardado para el final el más doloroso de todos ¿Acaso mi papá realmente nos había abandonado? ¿Y de dónde había salido esa llave que ahora me mostraba?

Pero no había tiempo para pensar demasiado. El viejo estaba parado en la puerta indicándome que lo único que le importaba era llevarme hacia la casa de su amigo, el cual, supuestamente, tenía el otro objeto que yo necesitaba para encontrarme con mi papá. Todo era muy confuso y me atemorizaba pero, cuando ya había logrado reprimir las lágrimas, un pensamiento totalmente esclarecedor sacudió mi cerebro: Si mi papá realmente andaba por ahí, dispuesto a hablar conmigo, tenía que encontrarlo costara lo que costara, total, ya había cruzado hacía mucho el punto sin retorno. El Narrador abrió la puerta y me dispuse a seguirlo a donde fuera que me llevara.

8 comentarios:

Ganzo Borelli dijo...

EEEESAAA!!! Increíble retorno Julieta te felicito y por favor no esperes mucho para el proximo capitulo :) .

Agustina dijo...

Juli genial el capítulo, como dijo Ganzo increible retorno :) Es increíble que hayas hecho eso ! Yo no me animaría, pero todo lo hacés por tu padre y es increible que el haya desaparecido por lo que le gusta. Es raro, ¿es verdad? Quiero que cuanto antes publiques la segunda parte, estoy muy ansiosa. Un abrazo, Agus

Srito Ale dijo...

Es todo tan fantástico, tan novelístico, tan irreal que no puede más que ser verdad.

Julieta dijo...

Ganzo: Gracias por el aguante de siempre! ;)

Agustina: Creo que uno nunca sabe cómo va a reaccionar hasta que le toca vivirlo. Por lo demás, no sé qué decirte... respeto a la gente que se arriesga por las cosas que le gustan, aunque también hay límites ¿o estoy equivocada? Besos

Srito Ale: Me encantó tu comentario ¡Muy poético!

Agustina dijo...

Julieta, entro a tu blog todos los días y sigo sin la segunda parte que tanto espero ! Quiero saber como continúa tu historia y la de tu padre. Como siempre, un beso y abrazo y todas las fuerzas del mundo. Agus

Julieta dijo...

Agus! Te pido mil disculpas por la tardanza. Esta semana subo sí o sí la segunda parte. Te mando un beso y muchas gracias por el apoyo!

Ganzo Borelli dijo...

Julieta, te dejo acá el chivo de una revista on-line donde me publicaron recientemente; un beso y sigue la espera de la próxima parte (esto parece las series semanales que ves el capítulo un lunes y estas el resto de la semana esperando, y esperando jeje)

http://sites.google.com/site/islademompracem/retazos

http://sites.google.com/site/islademompracem/retazos

Julieta dijo...

Hola, Ganzo! Felicidades por haber sido publicado. Espero que te sigas acordando de mi cuando seas famoso jaja. Me gustó mucho lo que escribiste! Que sigan los éxitos literarios. Besos!