lunes

Ante la bruma de mis ojos


En cierta forma sabía que así iba a ser. Tarde o temprano tenía que encontrarme con Damián. Tarde o temprano tendríamos que ajustar cuentas. Y ese momento había llegado. Aquel chico que alguna vez había considerado un amigo, al que tanto respetaba y temía, aquel traidor y manipulador que me había entregado a la Banda del Cazador, aquel desgraciado que había ocasionado todo este desastre, ahora escapaba con desesperación mientras llevaba consigo una bolsa llena de cosas. Escapaba igual que una rata, sin ningún disimulo y muy pronto lo vi perderse por los fondos de la Base. Con el poco aliento que me quedaba, salí tras él decidido a no dejarlo huir. Tras nosotros, quedaba aún sin resolver la sangrienta batalla final entre el Jefe y el Cazador.


Alcancé a observar cómo Damián trepaba con gran habilidad una pared y se iba hacia la calle. Fue en ese momento cuando me di cuenta que esa bien podría ser mi última oportunidad para encontrar los Planos Maestros ya que estaba seguro que los llevaba adentro de su bolsa. Motivado, junté fuerzas no sé de dónde y muy pronto yo también estaba saltando la pared que daba a la calle.


Ya he dicho anteriormente que la Base del Cazador estaba en un sector conocido como Las Colinas, llamado así por estar mucho más alto con respecto al resto del Barrio. Sus calles eran increíblemente empinadas por lo que correr a través de ellas suponía un enorme esfuerzo.

Damián corría como loco. Evidentemente sabía que alguien lo perseguía pero noté que grande fue su sorpresa cuando se dio vuelta y vio que era yo. La expresión de incredulidad que puso me dio más fuerzas aún y en ese momento supe que no podría escapar de mí.
Corrimos unos cien metros más. Las piernas me dolían horriblemente y empezaba a quedarme sin aliento. Todos los golpes que había recibido durante el día se hacían aún más evidentes en mi cuerpo y el dolor y el cansancio se volvían insoportables. Pero Damián también comenzaba a cansarse. Enseguida me di cuenta que era cuestión de tiempo para darle alcance y hacerlo pagar por todo lo que había hecho. Entonces, para mi asombro, Damián dejó de correr. Se detuvo en medio de la calle y se dio vuelta para esperarme.

Ver a Damián aguardándome, decidido a que tuviéramos el tan postergado enfrentamiento final, me enfureció todavía más. Corrí a toda velocidad dispuesto a saltarle encima. Él permanecía inmóvil. Sonreía. Y cuando estuve a solo tres metros, recordé lo sucio y traicionero que era. Esa actitud no era normal en él. ¿Aquél cobarde y traidor queriendo resolver nuestras diferencias mano a mano? Entonces, desde un costado y veloz como un rayo, apareció Ezequiel. Chocó contra mí con gran violencia y me tiró al suelo. Si hubiera tenido más tiempo habría empezado a reírme. Una vez más había caído en las trampas de aquellos dos hijos de puta.


Ezequiel me sostenía en el suelo mientras me daba puñetazos. Yo forcejeaba como endemoniado. Le metía los dedos en los ojos, lo mordía, de todo con tal de soltarme. Enseguida se acercó Damián y me controló a base de patadas. Una de ellas fue justo en mi nuca y por unos segundos se me nubló la vista. Los dos se reían y me pegaban con todas sus fuerzas.


-¡Tomá, puto! A mí nunca me podés ganar ¿Sabés? – gritaba enloquecido Damián.


-¡Hacete el héroe ahora, puto de mierda! ¡Jajaja! – Exclamaba Ezequiel.


Sentí el sabor de mi sangre. Dolor en todo el cuerpo. Ardor en la cara. Vi mi sangre en el pavimento de aquella desolada calle. Poco podía hacer para detener esa terrible paliza. Pensé en qué podría haberles hecho a aquellos dos chicos con los que tantos buenos momentos había compartido como para ahora estar siendo prácticamente asesinado por sus golpes. Pero entonces noté que los dos tropezaban y caían. De hecho, Damián cayó pesadamente sobre mí. Desde el suelo, con la vista todavía nublada, vi una figura que se erigía más imponente que nunca. Lombriz, mi verdadero amigo, tan fuerte como leal, había vuelto para salvarme la vida una vez más. Tenía una herida muy sangrante en la frente pero eso no parecía importarle porque inmediatamente estaba levantando a Ezequiel del cuello y aplastándole la cara con el poder devastador de sus puños. Yo reaccioné al instante. Le pegué un codazo en la nariz a Damián y me lo saqué de encima. Rápidamente me puse en pie dispuesto a reventarlo como fuera. Damián estaba sorprendido y no sabía qué hacer. Lombriz seguía golpeando a Ezequiel y no podía ayudarlo. Con todo mi odio acumulado fui contra mi enemigo y le hundí mi pie en su estómago con una tremenda patada. Damián volvió a caer y por un segundo creí que ya los teníamos dominados, pero cuando me di vuelta, vi que Ezequiel se había soltado de Lombriz y estaban forcejeando. Me acerqué para ayudar a mi amigo y ese fue el gran error que hasta hoy en día lamento: darle la espalda a un traidor por naturaleza. Damián aprovechó mi descuido y se puso de pie con una gran piedra en sus manos. Y mientras Lombriz y yo controlábamos una vez más a Ezequiel, Damián se acercó y arrojó la pesada piedra directamente a la cabeza de mi amigo. Al recibir tan impresionante impacto, Lombriz tambaleó un par de segundos y al tiempo que sus ojos se cerraban, cayó de boca contra la calle. Le había roto la cabeza. Nunca me voy a olvidar del enorme charco de sangre que empezó a formarse a su alrededor. Ezequiel y yo mirábamos la escena con horror. Incluso él se agachó junto a Lombriz para ver como estaba mientras decía “Boludo, lo mataste ¡Lo mataste!”. Damián me miró de forma extraña, como con miedo, como entendiendo la magnitud de lo que acababa de hacer. Pero enseguida comenzó a correr, siempre sin soltar su bolsa. Me quedé petrificado. Veía todo moverse como en cámara lenta. Ezequiel desesperado, Lombriz inconsciente, Damián escapando ¡Damián escapando! No, no podía dejar que se saliera con la suya ¡No otra vez! Nuevamente eché a correr. Me sentía hecho pedazos. Todo me dolía. Y ver a Lombriz al borde de la muerte me estaba provocando nauseas. Pero se imponía la bronca, los deseos de hacer justicia, de tomar venganza.


Damián corría como loco pero no era muy veloz. Me di cuenta que todavía podía alcanzarlo. El paisaje se me hacía conocido. Estábamos acercándonos a donde todo había empezado. Allí estaba el árbol de donde había caído Florencia tratando de recuperar el barrilete. Pensé en lo poético del momento. Damián corría casi sin aliento y cuando pasó al lado del árbol, me arrojé hacia él y caímos en el verde pasto de la vereda. No puedo describir con palabras la forma tan brutal en que le pegué. Mis ojos estaban hinchados por los golpes y a duras penas podía ver, pero aún así me las arreglé para subirme sobre él, someterlo contra el suelo y molerlo a puñetazos. Damián no podía más y gritaba que lo dejara, que me iba a dar los Planos Maestros en ese mismo momento. Yo quería matarlo y creo que si le daba un par de golpes más, bien podría haberlo hecho, pero estaba tan agotado que ya no lograba levantar mis brazos.


-Dámelos… dame esos Planos o te mato. – dije sin aliento.


Sin levantarse, Damián abrió su bolsa y sacó un rollo de papel. Lo abrí y ante mi nublada vista alcancé a adivinar un complicadísimo plano como de arquitectura, lleno de símbolos y anotaciones. ¿Eran los famosos Planos Maestros? Sigo haciéndome la misma pregunta.


Damián se levantó tambaleándose, vio la furia en mis ojos y escapó de allí rengueando antes de que me arrepintiera de dejarlo ir. Cuando lo perdí de vista, cansado hasta el extremo, me dejé caer en el pasto. Me costaba respirar. Pronto supe que me iba a desmayar en cuestión de minutos así que me quedé ahí, tirado a la sombra de aquel gran árbol en donde toda esta demencial aventura había comenzado. Una suave brisa de verano acariciaba mis heridas. A lo lejos se escuchaban los cantos de los pájaros del Barrio y las confusas risas de niños jugando. Pero entonces escuché unos pasos acercarse. Levanté mi cabeza y estoy seguro que al principio no vi a nadie, pero de repente, entre la bruma de mis ojos, surgió de la nada la figura de Alexis. Me estremecí. Estaba casi ciego pero al día de hoy puedo asegurar, puedo jurar, que apareció de la nada, que su cuerpo se materializó ante mí.


-Alexis… qué… ¿Qué está pasando?


-Tranquilo, Julio, no te agités ¡Estás muy golpeado! – dijo sorprendido mientras se agachaba junto a mi. Entonces noté que ponía una botella de agua en mi boca. Qué sabor tan incomparable. Al beberla, sentí que me volvía un poco de vida.


-¿Dónde estabas? ¿De dónde saliste? Lombriz está muerto, todo fue un desastre… – dije sin levantarme.


-Si, ya lo sé… pero veo que conseguiste lo que buscabas – respondió Alexis con cierta tristeza.


-Al fin… solo espero que Florencia se despierte para poder dárselos. El Mensajero se puede ir a la mierda.


-Lamento decirte que nada de eso va a pasar
– dijo como pidiendo perdón.


Y mientras trataba de entender qué había querido decir con ese tono tan sombrío, Alexis estiró su mano y me quitó el Plano.


-¿Qué hacés? Devolveme eso… te voy a matar – dije sin fuerzas, retorciéndome de bronca y dolor.


-Tranquilizate y escuchame, Julio. Así es como tiene que ser. No tenés idea de las cosas que vi durante estos días, las cosas que escuché ¿Te acordás cuando decíamos que este Barrio era mágico? Bueno, es la pura verdad, es mágico y hermoso, pero también es oscuro. Y por eso me tengo que llevar estos Planos. Vos no sabrías qué hacer con ellos. Yo sí.


Yo estaba al borde de la desesperación y el llanto. Sentía una mezcla de impotencia, ansiedad y resignación.


-Pero ¿Qué viste? ¿Qué escuchaste? Decimelo, Alexis ¿Tiene algo que ver con La Gran Devastación? ¡Hablame!


Con mucho esfuerzo logré sentarme en el pasto. Agitaba los brazos. Me costaba respirar. Me salían lágrimas. Trataba de buscar los ojos de Alexis para exigirle respuestas cara a cara pero todo se volvía borroso y confuso. Pronto me di cuenta que había desaparecido.


Entonces me dejé caer y me desmayé.

2 comentarios:

Srito Ale dijo...

Uyy tanto tiempo sin leer algo nuevo acá.
Espero que la proxima vez que escribas sea pronto.

El estilo de siempre ;)

Buena semana!

Vale Cósmica dijo...

Que gran regreso, Julieta! Me encanta como van encajando todas las piezas Y como se sigue complicando todo!). Otra cosa: las imágenes que pones en cada post son geniales