lunes

Nueve meses después

Hoy, 21 de marzo de 2011, después de 9 meses, me animo a volver a escribir. Lo último publicado en este blog es de julio del año pasado. Muchos de ustedes me han escrito correos preguntándome qué pasaba y porqué no había señales de mi. Hoy al fin me animo a escribirlo. Sufrí un increíble accidente. Un accidente terrible, doloroso y de larga recuperación que me tuvo un mes en el hospital. Definitivamente, mi vida parece trazada de antemano siguiendo el modelo de mi padre. Él también pasó un tiempo en el hospital y también a causa de un tremendo golpe. Un golpe en la cabeza que me hizo delirar por días, que me hizo tener pesadillas, que me hizo llegar a pensar que me iba a morir. Pero no fue así. Me recuperé y hoy casi no quedan secuelas, aunque hay una de ellas que se mantiene latente: el miedo. Así es, luego del accidente empecé a tener ataques de pánico tanto o más perturbadores que el mismo golpe. Pasó el tiempo y ya estaba en condiciones de volver más o menos a mi vida normal pero no quise saber nada con esa idea. No quería salir de mi casa, difícilmente me asomaba a la ventana para ver el cielo y algún que otro árbol. Pero por sobre todo, no quería entrar a mi habitación. ¿Por qué? Porque allí estaba la causa de mi accidente. Allí, sobre mi escritorio, estuvo durante 9 largos meses el objeto final de mi investigación. Un objeto que me aterrorizaba de solo pensar en él. Recordarán que luego de encontrarme con el Narrador y el Dibujante y luego de que me entregaran una llave y un dibujo explicándome que esas dos cosas eran todo lo que necesitaba para encontrar a mi padre, me lancé decidida a la búsqueda. Fueron 7 días de emoción, frustración, euforia, angustia y rabia. Días en que no comí ni dormí de tan concentrada que estaba tratando de descifrar qué significado podían tener esa llave y ese dibujo. Y una noche, me iluminé. Nunca voy a olvidar la indescriptible sensación de alegría y ansiedad que experimenté. Fue prácticamente como un orgasmo. Al día siguiente corrí hasta quedar sin aliento sabiendo que me esperaba la tan esperada resolución. Y sí, la encontré. Pero también me encontré con ese accidente casi mortal que me sacó de escena durante tanto tiempo. Me costó regresar. Me costó volver a entrar a mi habitación. Pero ya era hora. No puedo conmigo misma. Hoy me paré en la puerta de mi habitación, prendí la luz y la ví. Sobre el escritorio aún me esperaba, paciente y sin apuro, la pequeña caja que encontré hace 9 meses.