jueves

La Última Búsqueda - Parte 3

Algunas veces me han preguntando porqué hago esto sola. Es una buena pregunta. Desde que empecé la investigación he estado involucrada en situaciones que podrían haberse vuelto peligrosas. Me he relacionado con gente extraña; demasiadas personas extrañas y ambiguas. Sin embargo, no puedo decir que mi vida haya corrido peligro (salvo por una única excepción). Lo que sí ha corrido peligro, en cierta forma, es mi salud mental. Me he expuesto a muchas emociones fuertes, a gran cantidad de revelaciones, pero sobre todo, a demasiados juegos mentales. Admito que si hubiera estado acompañada, con alguien en quien apoyarme, es muy probable que mi desgaste mental hubiese sido menor, pero, después de todo, siempre fui una solitaria. Incluso mi papá tenía su grupo de amigos, su Banda, tenía a Lombriz, su inseparable amigo que lo protegió hasta el final. Yo no tengo a nadie, pero así es como me gusta. Sin embargo hay días en los que quiero eso que nunca tuve: un amigo de verdad, un hermano o una hermana, una pareja. Y nunca los quise tanto como ese último día en el Barrio.

Mientras iba en el colectivo pude ver como el clima iba cambiando. El cielo se ponía cada vez más oscuro y empezaba a soplar el viento. Estaba por desatarse una tormenta y yo no estaba preparada para eso. Ni paraguas ni un miserable rompevientos. Al bajar y caminar hacia el Barrio empezó a llover. Era una lluvia poderosa y violenta, con gigantescas gotas que me pegaban con fuerza en la cabeza. Los truenos explotaban a cada segundo. La casa donde yo suponía que quedaba la Base del Jefe estaba a varias cuadras. Pensé que lo mejor era refugiarse bajo algún techo y esperar pero en realidad no tenía ganas de eso. Estaba demasiado ansiosa, quería llegar hasta el final, no parar y mucho menos por una lluvia. Caminé por las calles mientras el agua me seguía castigando. Estaba totalmente mojada. No podía levantar la vista, prácticamente avanzaba mirando el suelo. Entonces se me ocurrió mirar hacia atrás. Creo que quería ver si venía un auto. No había ningún auto pero lo que sí había era una extraña silueta negra que apenas se distinguía entre la incesante cortina de agua. También caminaba sin paraguas pero sin ningún apuro, como si le gustara el frío en el cuerpo y el estar siendo azotado por la lluvia. Me quedé unos segundos observando cómo se acercaba. Había algo en esa silueta que no me gustaba ¿Me estaba siguiendo? La paranoia una vez más me invadía. Entonces, cuando ya se encontraba a media cuadra de distancia, pude distinguir que se trataba de un hombre totalmente vestido de negro y que llevaba algo en su mano derecha. Parecía un palo. Era evidente que se dirigía hacia mí. ¿Pensaba en atacarme? No me iba a quedar para confirmarlo. Di media vuelta y apuré el paso. Avancé unos metros más y volví a mirar: el tipo seguía ahí, sin detenerse. Todavía faltaban unas tres cuadras para llegar a la casa. Caminé más rápido aún. Me subí a la vereda y levanté un trozo de rama de árbol. Me di vuelta y dejé que el tipo lo viera. Si pensaba atacarme que entonces se preparara para recibir algunos golpes. Entre las miles gotas de lluvia, creí ver que sonreía. Doblé por una esquina. Un caudaloso río corría por las calles. El tipo también dobló por la misma esquina. Ya era más que evidente que me seguía. Con algo de desesperación le dije "¿Qué querés?". No me respondió. Entonces hice lo que hasta ese momento no había querido hacer: correr. Y para mi asombro, el tipo también empezó a correr. La situación se había transformado en una verdadera persecución. Correr por las calles y veredas inundadas era temerario y muy difícil pero sabía que a esa altura no podía detenerme y tampoco dejar que me alcanzaran. Mi corazón saltaba endemoniado en mi pecho. La adrenalina fluía como nunca. En un momento estuve a punto de resbalar pero logré incorporarme. Miré hacia atrás y vi que mi perseguidor seguía corriendo. A lo lejos divisé la casa. Faltaba una cuadra para llegar. ¡Solo una cuadra! Necesitaba hacer un esfuerzo más. Corrí como nunca antes en mi vida. Salté un gigantesco charco que parecía una laguna y pronto estuve frente a la casa. Empecé a tocar el timbre. El tipo había quedado algo lejos pero no se detenía. Nadie salía de la casa. Entonces, decidida a cualquier cosa, sostuve fuerte la pesada rama que había levantado y lo esperé. ¿Cómo había llegado a esta situación, a punto de pelearme a golpes con un tipo mayor que yo? Dejó de correr. No parecía cansado. Por un momento vi en él un aire sobrenatural. Casi con tranquilidad, se empezó a acercar mientras blandía esa especie de palo. Otra vez creía verlo sonreir detrás de la cortina de agua. Pero entonces escuché una voz. "¡Rápido, nena, entrá!". Una señora como de 40 o 45 años acababa de abrir la puerta de la casa y me salvaba en el momento justo. Sin perder tiempo tiré el palo a la calle y entré. El tipo se había vuelto a transformar en silueta y se alejaba por la lluvia, casi como si estuviera huyendo. "No te preocupes, no va a volver" me dijo la mujer mientras me entregaba una toalla.

Me sequé todo lo que pude. La señora, (que se presentó con el nombre de Paula) me ofreció cambiarme de ropa pero no acepté. No me importaba estar empapada, ni el frío, ni ninguna otra cosa más que averiguar qué estaba pasando. Paula parecía amable. Me sirvió un té y se sentó a la mesa conmigo. Afuera llovía cada vez más fuerte.

Tomé un par de sorbos. Paula me miraba extrañada. Yo esperaba que empezara a hablar, que me diera datos, que dijera ambigüedades como hacían todos los que se cruzaban en mi camino, pero no. Solo me miraba con curiosidad y algo de desconfianza. Entonces me di cuenta: aquella mujer estaba tan confundida como yo.

-Disculpe, Paula, pero... ¿Usted sabe quién soy?

-No, nena ¿Tendría que saberlo? Solo sé lo que me acabas de decir, que te llamás Julieta. Ahora me gustaría saber porqué viniste a tocar el timbre de mi casa.

Esto sí que era nuevo ¿Qué le iba a explicar? ¿Qué tenía una llave y un mapa que me había llevado hacia ella? Pero entonces se me ocurrió algo ¿Y si Paula estaba representando un papel? ¿Y si solo estaba actuando con el único fin de confundirme, o tal vez de divertirse? Después de todo sí parecía saber ciertas cosas: no se había sorprendido ante la presencia del extraño hombre que me había perseguido.

-¿Le puedo hacer una pregunta? ¿Usted tiene idea quién era ese tipo y por qué me estaba persiguiendo?

-Si no es tu primera vez en este Barrio sabrás que acá pasan algunas cosas... raras. Raras como el hecho de que una chica venga a tu casa en medio de una tormenta.

-Discúlpeme... yo no quería molestarla, simplemente pensé que a lo mejor usted podría darme algunas respuestas. Mire... si le nombro al Narrador y al Dibujante ¿Usted sabe de qué estoy hablando?

-No - dijo mientras su rostro indicaba que empezaba a perder la paciencia.

-¿No? Bueno... Y si...

Paula me interrumpió.

-Mirá, nena: si no me decís sin vueltas quién sos y qué es lo querés, no voy a tener problemas en pedirte que te vayas aunque afuera se esté cayendo el cielo.

-Está bien, solo le pido que me deje hacerle una última pregunta, después de eso me voy.

-Te escucho.

-En esta casa ¿Funcionaba la Base del Jefe?

Recién cuando terminé de formularla me di cuenta de lo absurda que sonaba esa pregunta. Si aquella señora no tenía idea de qué le estaba hablando, iba a terminar pensando qué estaba en presencia de una demente. Sin embargo, la expresión que adquirió su cara me hizo ver que había dado en el clavo.

-. ¿Cómo sabés eso?

Me llené de ansiedad y entusiasmo. Sin perder tiempo saqué el cilindro de madera que había encontrado en ese viejo tronco junto con la mano cortada y lo puse sobre la mesa. Al verlo, Paula pareció emocionarse, pero a la vez perturbarse demasiado. Lo tomó con sus manos y dijo:

-No lo puedo creer ¿De dónde sacaste esto? Si supieras las desgracias que causó este cilindro...

-Paula, si me pusiera a contarle todo lo que tuve que hacer para encontrar ese cilindro y estar en esta mesa con usted, no terminaría nunca. Lo único que necesito contarle es que estoy buscando a mi padre, Julio Figueroa, que desapareció hace varios años sin dejar ningún rastro.

Al escuchar todo eso, Paula pareció estremecerse todavía más. Tenía aspecto de ser una mujer fuerte que ha vivido muchas cosas desagradables pero a la vez parecía estar atormentada por recuerdos imborrables. Enseguida se dio cuenta de que estaba flaqueando y se esforzó por reponerse.

-Nena, te juro que me encantaría ayudarte pero no sé cómo... ¿Ya fuiste con la policía?

-No, no, usted es la única persona que me puede ayudar. Mire, mire esto - dije casi nerviosa mientras abría nuevamente mi mochila, esta vez para poner sobre la mesa la llave y el mapa - Estos objetos me los entregaron dos viejitos que viven en este Barrio, se hacen llamar El Narrador y El Dibujante... es raro que usted no los conozca.

Mientras hablaba me llenaba de frustración sabiendo lo increíbles y complejas que sonaban mis palabras. Mi historia era tan extraña y tan retorcida que explicarla era una tarea poco menos que imposible. Sin embargo, Paula parecía entender más de lo que aparentaba. Observó los objetos y luego me miró a los ojos de forma enigmática.

-Parece que has llegado lejos, Julieta.

-¿Q...? ¿Qué?

Enseguida agarró el mapa y empezó a doblarlo por las líneas de puntos que lo atravezaban. Sus manos se movían con juvenil destreza. Era evidente que no era la primera vez que lo hacía. Cuando terminó, casi caigo de espaldas: el mapa se había transformado en una pequeña maqueta... una maqueta que representaba una torre. La Torre.

-Ahora ya sabés a dónde tenés que seguir buscando.

Yo estaba impactada pero no solo por el hecho de que el mapa era en realidad una réplica de la Torre sino por estar frente a esa mujer, que ahora se volvía más extraña y más ambigua que nunca, al igual que todas las personas que se habían cruzado en mi camino. Ya no sabía si ella realmente desconocía quiénes eran El Dibujante y El Narrador, o si solo había estado fingiendo, o un poco de las dos cosas. Solo quería salir de ahí.

Al parecer, Paula tampoco quería seguir teniéndome en su casa porque, sin decir nada, se fue por una puerta y en un segundo apareció con un paraguas.

-Tomá. Sinceramente espero que encuentres lo que buscás, Julieta.

-Gracias - le dije sin mirarla. Su presencia me estaba poniendo cada vez más inquieta.

Cuando salí, observé que las calles del Barrio habían sido reemplazadas por gigantescos ríos. Seguía lloviendo, aunque ya sin tanta intensidad. Paula me miraba desde la puerta. Me despedí rápidamente y empecé a caminar. Y entonces, con un tono entre misterioso y triste, escuché su voz que me decía:

-¿Sabés qué, Julieta? Mi papá también se llamaba Julio Figueroa.

Cerró la puerta y fue en ese momento que deseé con todas mis fuerzas estar acompañada por alguien a quien poder abrazar.

3 comentarios:

JL dijo...

Me fascina esta historia, es casi como una pieza de relojería.

Jeny dijo...

Hola, soy nueva en este blog, decir que me ha encantado por completo esta historia...
Me la empecé a leer hoy y ya la he leído toda! :)

Es una historia increíble. Estoy deseando que pongas el próximo capítulo... para saber qué ha ocurrido.

Un besito muy grande y sigue escribiendo tan bien! ^^

Julieta dijo...

Jeny, muchas gracias por tomarte el tiempo para leer la historia y por tu comentario. Un abrazo grande!