domingo

Capítulo 14: Sobre las ruinas de tus sueños


Actualización:
Después de un tiempo, Los Secretos del Barrio ha vuelto. Julieta nos ha dejado instrucciones muy claras sobre lo que debe ser publicado y lo que no. Mientras esperamos que ella regrese, nos iremos encargando de la administración de ésta página. Saludos a los lectores. - Mayo de 2016
 
Una vez que abandoné el hospital y volví a mi casa, lo hice en carácter de "castigado". Tenía totalmente prohibido salir a la calle. No me importó. Estaba tan decepcionado y deprimido que no quería saber nada con nadie. Al día siguiente mi papá me contó que le habían dado el alta a Florencia. Eso me alivió y fue la única novedad que obtuve del mundo exterior. Pasaba los días ayudando con las tareas de la casa, leyendo y estudiando (esto último, de forma obligada). Al poco tiempo, la actividad principal fue prepararse para la mudanza. Mi madre me puso, primero, a revisar casa una de mis cosas. La orden era clara: tirar a la basura todo lo que pudiera y dejar solo lo indispensable. Sinceramente, si era por mí, hubiera tirado todo. Empecé a llenar cajas y bolsas. Libros, cosas de la escuela, viejos juguetes, ropa, porquerías. El tedio me aplastaba. Sin embargo, no quería pensar. Si me ponía en eso, la angustia me iba a consumir por completo. Cuando al fin terminé con mis cosas, mi mamá me mandó a revisar el resto de la casa. Mis últimos días en el Barrio estaban muy lejos de las aventuras y los misterios de antes.

Una tarde me quedé solo. Al principio me dio igual pero luego me di cuenta que esa era mi última oportunidad para descubrir qué había pasado. Tenía aproximadamente una hora para salir y volver sin que mi madre me descubriera. Dudé un poco. No quería meterme en más problemas. Pero la intriga pudo más y salí de casa.

No sabía bien por dónde empezar. Tenía miles de preguntas. ¿Hasta qué punto todos los sucesos vividos habían sido reales? Me dirigí hacia el árbol donde había caído Florencia, el mismo lugar donde le quité los Planos Maestros a Damián. No encontré nada, todo permanecía igual que siempre. Corrí hacia la Base del Cazador, donde se había producido la batalla final contra la Banda del Jefe. Tampoco había nada. Era como si nunca hubiera existido una base ahí. La angustia comenzó a ahogarme. Volví a correr, esta vez, hacia la Base del Jefe. Al llegar vi que todo estaba desolado. Tenía la sensación de ser la única persona deambulando por el Barrio en ese momento. El tiempo pasaba y ya no sabía a dónde ir ni qué hacer. Comprendí que lo único que me quedaba era ir a casa de Florencia. Pero no me animaba. Había perdido los Planos Maestros y no tenía el valor de decirle cara a cara que le había fallado. Seguramente ella estaba ansiosa por tener noticias mías, aunque también era muy probable que su misteriosa Banda ya se las hubiera dado. Además, tenía temor de verla distinta, ya sin su energía y frescura. Sin embargo, saber que me quedaban pocos días y que tal vez no volvería a tener otra oportunidad de hablar con ella, me dio el impulso definitivo para buscarla.

Empecé a caminar. Me sentía raro. Como si fuera un extraño en una tierra desconocida. Apenas había gente en las calles. Tenía la esperanza de encontrar a alguien que pudiera decirme qué había pasado, pero todo el mundo parecía haber desaparecido. Avancé algunas cuadras y de pronto escuché detrás de mi un zumbido que iba aumentando de intensidad. Me di vuelta y vi a una docena de chicos en bicicleta que pasaban a mi lado a gran velocidad. Fue tan rápido que apenas pude distinguirlos pero estaba casi seguro que el que iba delante de todos era Damián. Sentí escalofríos. ¿Ahora el traidor tenía una nueva banda? Por suerte no me había visto. O tal vez sí lo había hecho solo que ya no le importaba. Me pregunté qué tramaría. ¿Estaría planeando recuperar los Planos Maestros? No tenía tiempo para pensar en eso. Continué caminando y pronto llegué a la casa de Florencia. Al principio no supe qué hacer. No quería tocar la puerta y que sus padres me vieran. Si estaban al tanto de mi castigo no dudarían en avisarle a mi madre. Estuve un minuto en la vereda mirando hacia el segundo piso, donde estaba la habitación de Florencia, cuando vi algo increíble. Una paloma apareció volando de la nada y se acercó a la ventana. Al instante la ventana se abrió y vi a Florencia agarrar al ave para llevarla adentro.

–¡Flor! – la llamé sorprendido.

Florencia miró hacia abajo.

–¿Julio? ¿Qué hacés ahí? Pasá, estoy sola.

Lleno de emoción y nerviosismo quise abrir la puerta pero estaba cerrada.

–¡Está cerrada! ¿No podés bajar a abrir?

–No. Esperá un segundo.

Volvió adentro y enseguida apareció de nuevo descolgando una escalera hecha con sogas. Yo sinceramente no lo podía creer. Pronto empecé a subir con bastante dificultad mientras Florencia decía que tuviera cuidado. Cuando finalmente entré a su habitación vi porqué no podía bajar: estaba en una silla de ruedas.

–No, Flor... ¡No puede ser! – dije angustiado.

–No te preocupes, estoy bien.

–Pero... ¿Cómo? ¿No se puede hacer algo? ¿Vas a volver a caminar?

–No se sabe.

Me senté en su cama. Me parecía injusto. Una chica llena de energía que no podía caminar era simplemente un crimen, una aberración. Florencia tenía la paloma entre sus manos. Le tomó una pata y sacó un papelito. Era una paloma mensajera. Estaba confundido y asombrado. ¿Quién o qué era Florencia? Leyó el mensaje y rápidamente lo quemó con un encendedor. Luego comenzó a escribir en un pedazo de papel y cuando terminó se lo colocó al ave y la dejó volar por la ventana. Después me miró.

– Estás triste, Julio.

–Sí

–No deberías.

–No podés caminar, perdí los Planos Maestros y estoy a punto de mudarme ¿Por qué no debería?

–Mirame, Julio. Estuve a punto de no despertar pero acá estoy.

–¿Y valió la pena?

–Claro que valió la pena.

–¿Quién sos, Flor? ¿Qué son esos barriletes, estas palomas, estos secretos? El Mensajero dijo que ustedes quieren salvar al Barrio. Uno de la Banda del Jefe me djo que tienen que salvarlo de algo que se llama "La Gran Devastación" ¿Qué es eso? – dije casi suplicando.

–Julio, mientras menos sepas, mejor. Te vas a mudar en el momento justo: las cosas se van a poner muy oscuras por acá.

Su tono era lúgubre. Nunca antes había visto así a Florencia.

–Pero... arriesgué mi vida por esos Planos solo porque me lo pediste – respondí– creo que al menos merezco saber qué son.

Florencia se quedó en silencio por unos instantes. Su rostro estaba muy serio y pensativo. Luego dijo:

–Tenés razón. Es lo justo.

Me estremecí ante la posibilidad de que por fin alguien me diera una explicación.

–Supongo que alcanzaste a ver los Planos Maestros – me dijo.

–Sí... por unos segundos. Parecía algo como de arquitectura, pero no llegué a entenderlos.

–Casi nadie los entendería, pero si llegan a caer en manos equivocadas, sería terrible.

–¿Por qué? – pregunté totalmente ansioso.

–Porque sirven para construir algo terrible. – respondió Flor con la ambigüedad de siempre.

Yo escuchaba con atención pero era evidente que ella no estaba dispuesta a darme todos los detalles. Al borde de la frustración dije:

–Ahora los tiene Alexis ¿Eso es algo "terrible"?

–Todavía no lo sabemos, pero no nos vamos a quedar de brazos cruzados esperando... y podés estar seguro que hay otra gente que tampoco va a esperar. La verdad, no quisiera ser Alexis en este momento.

Su voz adquiría un tono sombrío.

–Hay un rumor cada vez más fuerte que dice que hay miles de tesoros en este Barrio. Algunos están ocultos, otros ya tienen dueño... algunos de ellos son muy poderosos.

–¿Tesoros? ¿Qué tipo de tesoros? ¿Cofres llenos de monedas?

–No, objetos. Al parecer los mismos Planos Maestros son un tesoro.

–Pero ¿De dónde salieron esos tesoros?

–Quién sabe. Parece que pertenecieron a algunas bandas que hubo en el Barrio hace mucho tiempo.

–Flor, siento que no me estás diciendo todo lo que sabés.

–Es cierto, pero creeme que es por tu bien.

–Sin embargo, no tuviste problemas en encomendarme que buscara los Planos aún sabiendo lo arriesgado que era. Casi me cortan la garganta, Flor.

–También tenés razón pero considerá que estaba a punto de desmayarme. Es más, yo pensé que me moría. No era mi intención ponerte en peligro. Te pido perdón y además, te agradezco todo lo que hiciste.

–No, Flor. No hace falta que me agradezcas nada.  – respondí como quien repite una letanía.

Una gran melancolía me invadió y no solo por tener que abandonar el Barrio sino por sentir tan distante a Florencia. Lo que había temido se estaba cumpliendo. No parecía ser la misma. No se la veía angustiada por no no poder caminar, seguía teniendo la misma energía de siempre. Era su trato hacia mí el que había cambiado. Era como si, ahora que yo conocía su "doble vida", ya no tuviera necesidad de aparentar ser una chica común y corriente. Tenía una misión que cumplir. Una misteriosa Banda con la que se comunicaba a través de barriletes y palomas. ¡Tenía que salvar al Barrio de la Gran Devastación! Ya no tenía tiempo para mí, si acaso alguna vez lo había tenido.

–Julio, tenés que irte ahora mismo: llegó mi papá. – dijo de pronto mientras miraba por la ventana.

–Bah, no te hagás problema, con tu papá somos prácticamente amigos.

–¿Cómo? ¿Hablaste con él? – exclamó Florencia muy sorprendida y preocupada.

–Sí... lo acompañé al hospital a verte y después él me visitó ¿Pasa algo?

–No, Julio, no puede ser ¡Decime que no es verdad! – dijo mientras se agarraba la cabeza de forma desesperada – ¿Qué te dijo? ¡No podés confiar en mi viejo!

–Pero no entiendo ¡Decime qué pasa!

–No hay tiempo, tenés que salir ahora mismo.

Con la cabeza dándome mil vueltas comencé a bajar a través de la ventana. No sabía qué estaba pasando pero la reacción de Florencia me llenó de temor. Entonces, antes de tocar tierra, se asomó y me dijo:

–Pase lo que pase, no hagás nada de lo que te haya dicho ¡Prometelo!

–Pero...

–¡Jurámelo!

–¡Bueno, está bien, lo juro!

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