miércoles

Capítulo 15: Berenice




Y entonces llegó el día de la mudanza. Aún faltaban un par de semanas para el otoño pero ya empezaban a caer las primeras hojas secas. Yo seguía castigado. Estaba claro que mis padres no iban a dejar que me despidiera de mis amigos, aunque sí me permitieron saludar a Florencia. Yo rechacé el ofrecimiento. No quería saber más nada con nadie. Faltaban dos horas para irnos. En la que hasta ese último día era nuestra casa ya no quedaba más nada así que no podía ni mirar tele, ni acostarme, ni ninguna cosa salvo aburrirme. Entonces salí al jardín y me dediqué a mirar el Barrio. Realmente lo iba a extrañar. Nunca antes en mi vida me había sentido tan vivo, nunca antes había sentido tanta emoción. Mi padre se acercó tratando de consolarme y me dijo algo como “ahora vas a empezar la escuela secundaria… eso sí que es emocionante. Te vas a divertir un montón”. Pero yo no le creí una palabra. Sabía que nunca más iba a experimentar una aventura tan mágica como la del Barrio y nunca más iba a tener una misión así. Entonces mi padre me vio tan melancólico y aburrido que me dio permiso para dar una vuelta de 20 minutos por el Barrio y así despedirme de sus calles. Solamente me advirtió: “no te metas en problemas: ya sos grande”. La idea no me parecía tan interesante pero era mejor que quedarse sentado esperando el momento de partir. 
 
Comencé a caminar observando la belleza y soledad del Barrio. Era muy extraño. Seguía sin haber nadie en las calles. Era como si, después de la Gran Batalla entre la Banda del Jefe y la Banda del Cazador, todo el mundo se hubiera ocultado. O tal vez todo había sido un sueño demasiado real pero un sueño al fin. 


Caminé un par de cuadras pateando piedras y cuando me di cuenta me había metido en una calle repleta de árboles, tantos que la luz del sol no llegaba. Era algo tenebrosa. Daba la sensación de que algo malo iba a pasar. Me apuré en salir de ahí. Pero entonces sentí el típico zumbido de las bicicletas. Pronto me vi rodeado por una banda de unos diez chicos. El que iba a la cabeza era el traidor: Damián.


-Hola, Julio. Un gusto verte de nuevo.


Yo no respondí. Mi corazón comenzó a acelerarse horriblemente.


-Así que hoy te vas del Barrio…


-¿Cómo sabés eso?


-Todo el mundo lo sabe. Lo que pasa es que, Julio, vos no tenés idea de cómo se juega en el Barrio. Por eso cometés tantos y tantos errores.


-¿De qué juego estás hablando? Nada de esto fue un juego.


Damián se rió, pero no fue una risa sarcástica ni burlona, fue una risa como de compasión.


-Mirá, Julio. No quiero hacerte ningún tipo de daño. Supongo que ya sufriste demasiado estando internado, pero para eso me vas a tener que ayudar… ¿Dónde está Alexis?


-¿Alexis? ¿Y yo que sé? Estuve internado. Vos mismo lo dijiste.


-Sé que él tiene los Planos Maestros. Los Planos Maestros que vos me quitaste.


-No eran tuyos.


-No son de nadie ¿O pensás que son de Florencia? Ella te usó para que los encontraras y se los dieras.


Yo no dije nada.


-Te vuelvo a preguntar ¿Dónde está Alexis?


-Ya te dije que no sé. La última vez que lo vi desapareció ante mis ojos ¿Entendés? ¡Desapareció como un fantasma! Todavía no lo puedo creer.


-Creelo porque es verdad. Puede aparecer y desaparecer como quiera.


Yo me estremecí. Me estremecí hasta los huesos. Todo había sido real.


-¿Te impresiona? Eso no es nada. La batalla entre el Jefe y el Cazador destapó varios secretos que estuvieron ocultos durante años en el Barrio.


-¿Cómo… cómo cuáles?


-Como los tesoros… ¿Querés ver uno? – me preguntó con su clásica malicia en el rostro.


Lo miré desconfiado. Entonces sacó de su bolsillo un soldadito de juguete. Me lo mostró y luego sentí el impacto de cientos de golpes en mi cuerpo y caí pesadamente contra el suelo.


Damián y su banda rieron con ganas. Yo intentaba levantarme mientras el dolor se expandía por todo mi ser.


-Disculpame  - dijo Damián con una gran sonrisa – dije que no te quería hacer daño pero no lo pude evitar. Ayúdenlo a levantarse.


-Dejame en paz. No sé dónde está Alexis, no sé nada. En un rato me voy del Barrio para siempre.


-Está bien. Entiendo que no sepas dónde está ese infeliz, pero hay algo que sí me podés decir ¿Qué te dijo Florencia sobre los Planos Maestros?


-Que puede pasar algo terrible si caen en manos equivocadas. – respondí mientras me recuperaba de todos los golpes.


-¿Y?


-Y nada más.


-¿Y vos te pensás que te voy a dejar ir si me ayudás tan poco?


-Ya escuchaste que no sé nada ¡Seguramente vos sabés mucho más que yo!


-Ah, Julio. Dije que no quería hacerte daño pero no me dejás alternativa.


Entonces uno de sus ¿soldados? me agarró desde atrás mientras otro se acercaba dispuesto a darme puñetazos en la cara y en el estómago. Me dio el primer golpe y cuando iba a darme el segundo, un cuchillo se clavó en su mano de una forma tan violenta que la atravesó.


El chico gritó mientras la sangre caía sobre el suelo. Hubo una gran conmoción. Entonces, a lo lejos, apareció una chica con un vestido púrpura y con un cuchillo en cada mano.


-Es Berenice – murmuró Damián - ¡Vámonos!


Y todos desaparecieron.


La reconocí. Era la chica de la Banda del Jefe. La que me había mirado de forma extraña la primera vez que nos encontramos. La que me había salvado durante la batalla final en la Base del Cazador. Se acercó rápidamente y pronto estuvo frente a mí.


-Me salvaste de nuevo. Gracias.


-Sí. Está claro que no podés cuidarte solo.


-Confío demasiado en la gente ¿Vos también vas a pegarme? ¿O a cortarme?


-No. Vengo a decirte que te vayas de una vez por todas de acá.


-¿Solo eso? Hoy me mudo con mi familia, así que tu deseo se va a hacer realidad en menos de dos horas.


-Sí pero, también vengo a decirte que vuelvas.


-¿Qué?


-Vos te vas a dar cuenta cuando llegue el momento. Tenés que volver al Barrio y salvarlo de la Gran Devastación.


-Pero, pero… ¿Y eso qué es? ¿Y por qué yo?


-Un día vas a conocer todos, absolutamente todos los secretos del Barrio y así vas a salvarlo. Hoy no.


Y se fue sin agregar nada más.

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